Las manifestaciones de los estudiantes en Francia este pasado mes de octubre, han tenido efectos no deseados, aunque si esperados. Todo inició con el cierre de una escuela por falta de docentes y hasta ahora lo único que han conseguido es posicionar a un partido político que se beneficia del caos y de la falta de propuestas de solución que representen la eliminación de las causas.
Perseguir una causa requiere, entre muchas otras cosas, perfilar perfectamente el problema y definir la solución; acciones que presionen a quienes tienen la capacidad y responsabilidad para resolverlo; integrar a quienes tienen influencia para apoyar dicha presión; y motivar la participación de quienes tengan interés en mostrar su apoyo creando comunidad.
No es una labor sencilla porque se requiere de un trayecto de acciones conjuntas y coordinadas que nos acerquen a la consecución del objetivo principal. Es probable que en el camino haya diferentes actores que se muestren interesados en sumarse, pero no todos los que se sumen perseguirán los mismos ideales. Las manifestaciones en las calles son necesarias para visibilizar el descontento y ser muy transparentes en lo que se persigue. Cuando se rebasa aquella línea donde la violencia supera a la exigencia, el movimiento pudiera ser invalidado por algunos sectores de la población, especialmente por personas que sufren las consecuencias sin estar involucrados directamente.
La parte más compleja es que al parecer quienes pueden solucionarlo han sido rebasados en sus recursos y en su capacidad organizativa para resolver conflictos; los que ven vulnerado el orden social se están aprovechando para beneficiar su proyecto; y quienes inicialmente levantaron la voz para demandar mejores condiciones, se encuentran más lejos de su objetivo que cuando iniciaron.
Piensa en una situación donde estás a disgusto con alguna acción de las personas. Es importante hacerle saber que no te parece correcto determinado comportamiento, pero como muchas veces lo hemos compartido, la forma es fondo. Si cualquier tipo de violencia rebasa a la prudencia será fácil alejarnos del objetivo. Y si nuestro interlocutor aprovecha para hacer reclamos de tus acciones pasadas entonces podríamos perder definitivamente la línea, terminando en un lugar completamente diferente al que perseguíamos.
Es importante desarrollar habilidades para resolver conflictos. De hecho, demos la bienvenida a los conflictos porque nos dan la oportunidad de conocer mejor a las personas. Evitarlos nos coloca en una armonía artificial manteniendo las condiciones para futuros conflictos relacionados con el mismo tema una y otra vez. Patrick Lencioni en su libro “Las cinco disfunciones de un equipo” menciona lo siguiente “...todas las grandes relaciones, las que perduran en el tiempo, requieren de conflictos productivos para crecer…”. Para tener una discusión, se requiere estar presente, y estar presente es mucho más que estar frente al otro. Requiere escuchar con atención, lo cual no se logra a menos que guardes silencio. No escuches para responder. Escucha para comprender. Y es indispensable comprender, antes de ser comprendido (Covey, 1989). Este es el principio para desarrollar empatía. Lo contrario es la desconexión, cuando ni siquiera estamos conscientes de lo que el otro quiere o siente.
Cuando inicia el reclamo en el activismo, generamos un “yo ideal” y nos juramos que las acciones realizadas están basadas en principios y valores superiores a los de nuestros “opresores“. Sin embargo, conforme se extiende el ejercicio, empezamos a posicionarnos con apoyos e incitaciones para hacer más, lo cual nos puede cegar el propósito y caer en actos violentos que nada tienen que ver con el propósito que se persigue.
Con la pareja o las amistades, sucede algo similar. A veces de manera inconsciente ofendemos, exhibimos y hasta lastimamos físicamente. Y eso genera un escenario diferente porque el conflicto se extiende y empieza a ramificarse. Surge una explosión de daños colaterales que opacan la visión y consumen las energías.
El conflicto ideológico es valioso cuando es genuino y busca el bienestar de una comunidad, pero si en el camino se tergiversa y se convierte en una lucha de poder, entonces puede terminarse con un soborno o un botín personal, dejando atrás el espíritu de su origen. Mostremos músculo emocional para salir ilesos y al mismo tiempo ser los agentes de cambio. Acepta el conflicto, pero establece tu postura de comunicación no violenta que transmita confianza a los demás y genere acuerdos para un bien común. De otro modo, siempre tendremos de lo perdido lo allanado.


