La imagen fue dolorosa, incluso para quien no sabía nada del contexto: policías con uniforme antimotines entraron en la casa de Maricarmen Abascal para sacarla del hogar donde había vivido por más de siete décadas, después de que la mujer de 87 años no pudiera pagar su alquiler, que súbitamente pasó de 500 a 2600 euros.
Al ser sacada de su hogar en una camilla, Maricarmen se convirtió en el rostro de una problemática muy presente entre una mayoría de españoles: el alto costo del alquiler. Jóvenes salieron a las calles para tomar, por ejemplo, el centro de Madrid.
Mientras tanto, Pedro Sánchez, presidente de España, quien se encuentra en una posición política complicada, llevó al Congreso dos propuestas para proteger a personas vulnerables frente a desalojos, limitar aumentos de renta, facilitar renovaciones de contratos, restringir compras especulativas y ofrecer apoyos fiscales y más vivienda pública. Pero el 2 de octubre, el Congreso las rechazó con los votos de partidos opositores.
Sánchez, frente a las protestas, con un Congreso detenido y un problema que, de no ser resuelto, solo provocaría más daños a su gobierno y a su partido, decidió llamar a elecciones generales. Es decir, el próximo 29 de noviembre los españoles volverán a las urnas para elegir a su representante frente al Congreso y, al hacerlo, redefinir la conformación de las mayorías parlamentarias que, en ese país, deciden —con la venia del rey— quién se convierte en presidente y forma gobierno.
La apuesta de Sánchez es que la gente, enfurecida por el desalojo de Maricarmen y consciente del problema que los altos alquileres representan, pueda darle en las urnas nuevamente el poder a la coalición que lo llevó a la presidencia, siendo esta la que defiende propuestas que tienden a la izquierda.
Ahora, no deja de ser una apuesta, en donde existe la posibilidad de que los partidos conservadores, que actúan como un bloque para aprobar reformas, crezcan y ganen más lugares en el Congreso de los Diputados, los suficientes para no solo ser mayoría, sino para quitar a Pedro Sánchez de la presidencia y hacer de un nuevo perfil más conservador el encargado del gobierno español.
Por el momento, pondremos en pausa lo que está ocurriendo en España y esperaremos a las elecciones; mientras tanto, quisiera hacer un comentario al margen. Hace algunos meses tuve la oportunidad de conocer ese bello país y la magnífica ciudad de Madrid.
Recuerdo con amor sus calles y a su gente; recuerdo también que alguien me dijo: “Aquí, la gente no se preocupa por seguridad ni por trabajo; aquí trabajo hay; lo que preocupa a la gente es el precio del alquiler”. La preocupación puede parecer una de un país con sus necesidades resueltas, pero hoy nos damos cuenta de que cualquier necesidad social es una que puede cobrar vidas.