Las manifestaciones suelen surgir cuando un problema no se ha atendido y no es escuchado, pues detrás de cada manifestación existe una vulneración a nuestros derechos, cuando esto ocurre con frecuencia observamos desde la distancia y nuestra atención depende de qué tan cercano sentimos el problema.
Cada persona vive preocupada por lo que sucede a su alrededor, por aquello que afecta a su familia, o sus actividades diarias, en este caso una manifestación que ocurre en otro estado puede parecernos lejana, en cambio la situación cambia cuando comenzamos a vivir algo parecido.
Existen muchas causas capaces de movilizar, quienes enfrentan un problema buscan apoyo, mientras buena parte de la sociedad continúa con sus propias preocupaciones. Después otro grupo enfrenta una situación similar y vuelve a comenzar el mismo proceso para hacerse escuchar.
Cuando algo sucede cerca de nosotros, cambia nuestra forma de entenderlo, aquello que antes parecía exagerado puede comenzar a parecernos urgente y aquello que veíamos como un problema de otros se convierte en una preocupación propia.
Un ejemplo de ello ocurre con las recientes manifestaciones relacionadas con el agua en Guadalajara, la problemática del agua nos permite entender por qué algunas causas deberían interesarnos desde antes de sentir sus efectos directamente. Las dificultades que aparecen en una ciudad pueden presentarse después en otras regiones, lo que hoy preocupa a una comunidad puede convertirse con el tiempo en una preocupación compartida.
Por eso, una manifestación también puede servir para advertirnos sobre situaciones que pueden dañarnos en el futuro. Si prestamos atención a las causas de otras personas podemos entender lo que está sucediendo y solidarizarnos antes de que el mismo problema nos afecte. De esta manera, una causa que hoy parece ajena también puede ayudarnos a prevenir lo que mañana podríamos enfrentar.