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• Equilibrios: IEBEM vs SNTE


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Por Miguel Ángel P… | 13 Octubre, 2026 | 07:21 h
Opinión
•	Equilibrios: IEBEM vs SNTE

El politólogo y escritor Jesús Reyes Heroles acuño la célebre frase “en política la forma es fondo”. Y cobra vigencia a propósito de los recientes acontecimientos en el Instituto de la Educación Básica del Estado de Morelos (IEBEM), donde el conflicto por nombramientos, inconformidades laborales y exigencias de cambio obliga a mirar más allá de la coyuntura. Conviene no perder de vista que, en una democracia institucional, las formas no son simples rituales: son límites, responsabilidades y reglas compartidas. Cuando se confunden los papeles de gobierno, sindicato y trabajadores, las razones pueden extraviarse y los fines, aunque parezcan legítimos, terminar por debilitar aquello que se busca defender.

En primer lugar, no corresponde a los trabajadores proponer, imponer o elegir a quienes ocupan los cargos directivos de una institución pública. Hacerlo abriría una puerta riesgosa: en sentido inverso, equivaldría a aceptar que el gobierno y sus autoridades pudieran decidir quiénes deben encabezar a los sindicatos. En ambos casos se rompería el principio de autonomía que debe regir la vida sindical y se trastocaría el orden legal que sostiene la administración pública. La inconformidad puede expresarse, la protesta puede ser legítima y el diálogo debe ser atendido; pero ninguna causa gana solidez si para resolverla se desdibujan las competencias institucionales.

Dicho lo anterior, también es cierto que el gobierno no puede escudarse en sus facultades legales para nombrar funcionarios sin asumir el costo político y ético de sus decisiones. A la autoridad le corresponde garantizar que quienes encabecen áreas estratégicas, especialmente en el sector educativo, sean personas honorables, respetables, con conocimientos, habilidades y sensibilidad suficientes para conducir instituciones complejas. La legalidad de un nombramiento no basta cuando la confianza pública está erosionada; gobernar exige no sólo cumplir con los requisitos formales, sino ofrecer certezas, explicar decisiones y cuidar la legitimidad de origen de quienes representan al Estado.

El caso del IEBEM muestra precisamente esa tensión: por un lado, la necesidad de preservar el Estado de Derecho y evitar que la presión gremial sustituya a los procedimientos institucionales; por el otro, la obligación gubernamental de escuchar las señales de inconformidad cuando éstas apuntan a problemas de confianza, credibilidad o desempeño. No todo reclamo concede razón automática, pero tampoco toda decisión legalmente posible resulta políticamente prudente. En educación, donde se administra no sólo presupuesto sino estabilidad laboral, futuro escolar y confianza social, la autoridad debe actuar aplicarse mejor que en cualquier otro ámbito.

La salida responsable no está en sustituir la ley por asambleas ni en reducir la protesta a mero ruido político. Está en abrir procesos transparentes, revisar perfiles con seriedad, acreditar trayectorias, responder señalamientos con información verificable y establecer canales de comunicación que no conviertan cada nombramiento en una crisis. Si un funcionario no cuenta con la confianza mínima para operar, el gobierno debe valorar si su permanencia ayuda o perjudica a la institución. Pero esa valoración debe hacerse desde la responsabilidad pública, no desde la imposición de facto.

En política, la forma es fondo porque revela el respeto que se tiene por la ley, por las instituciones y por la sociedad. Los trabajadores tienen derecho a exigir autoridades capaces y probas; el gobierno tiene la obligación de nombrarlas y responder por ellas; y ambos deben reconocer que la educación pública no puede quedar atrapada entre cuotas, sospechas o pulsos de fuerza. La gobernabilidad del IEBEM reclama firmeza institucional, sí, pero también sensibilidad política. Sólo así la autoridad podrá recuperar confianza y el reclamo social conservar legitimidad.

Más allá de las criticas a ultranza desde el anonimato y perfiles falsos en las redes sociales, lo anterior explica mejor la posición justa que el dirigente de la Sección 19 del SNTE Joel Sánchez Vélez asumió y simboliza un accionar responsable y consciente para encabezar a los suyos evitando que los ímpetus se desborden y los fines se extravíen. Ejercer un liderazgo como el suyo conlleva esa responsabilidad de procurar equilibrios y abonar a la estabilidad laboral, toca a la autoridad ahora hacer del nuevo relevo en el IEBEM, a ver…

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