El libre desarrollo de la personalidad reconoce que cada persona tiene autonomía que le permite definir su proyecto de vida conforme a sus propias convicciones, aspiraciones e intereses, decisiones que forman parte de la vida, esto, construye nuestra identidad y determinan la manera en que elegimos vivir.
Este derecho se encuentra relacionado con la dignidad humana y con la autonomía personal, reconoce a las personas como sujetos capaces de tomar decisiones sobre aspectos esenciales, como la elección de una profesión, la manera de vestir, las relaciones afectivas o la decisión de formar una familia.
La Suprema Corte de Justicia de la Nación ha desarrollado este concepto a partir de la dignidad y ha reconocido que las personas cuentan con autonomía en donde pueden elegir libremente aquellas opciones que dan sentido a su existencia.
En la violencia de género, una de las principales alertas inicia con el control de las decisiones, determinar la manera de vestir, las personas con las que puede relacionarse, los lugares a los que puede acudir o las actividades que puede realizar afecta directamente el libre desarrollo de su personalidad.
Una decisión condicionada puede dar paso a otras y de esta forma, la violencia también puede incidir en decisiones que determinan el rumbo de una vida, como continuar los estudios, desarrollar una profesión, conservar un empleo o mantener relaciones familiares y sociales. En muchos casos estas formas de control han sido normalizadas dentro de las relaciones y llegan a percibirse como parte de su propia dinámica, esta normalización puede dificultar su identificación y generar una afectación a la libertad de decidir.