Gaza, inteligencia artificial, Ormuz, críticas al derecho de veto y una gran incertidumbre.
Un día Venezuela se despertó con la intervención de Estados Unidos en su territorio para capturar a Nicolás Maduro; meses después, Trump escaló el conflicto histórico con Irán, provocando un enfrentamiento armado y económico sin pies ni cabeza. Rusia parece no ceder en una invasión que parece estar estancada y, desde hace meses, las cumbres sólo sirven para despresurizar amenazas, pero no para construir.
Son tiempos difíciles para la política internacional, en donde la falta de certidumbre limita los acuerdos, donde las negociaciones se hacen a través de amenazas y donde los bloques se ven fracturados por decisiones inexplicables de aliados históricos.
Sin embargo, en ese contexto se llevó a cabo el pasado septiembre la Asamblea General de las Naciones Unidas, en donde los miembros de la ONU —en algunos casos representados por su jefe de Estado, presidente o primer ministro— expresaron sus intereses, objetivos, preocupaciones y quejas, lo cual es, por naturaleza, el primer paso para hacer política.
Un importante número de los Estados criticaron la ofensiva que Israel está llevando a cabo en Gaza. Sus posturas fueron desde proponer una solución de dos Estados hasta llamar a la situación un genocidio; fue igualmente notorio el abandono mayoritario de varias delegaciones cuando Netanyahu hizo uso de la palabra.
En el apartado de otros conflictos armados, países como Estados Unidos, Israel y Argentina apoyaron el ataque de Estados Unidos a Irán, argumentando un riesgo por las armas nucleares que el Estado de Irán estaba supuestamente desarrollando; mientras tanto, otras naciones criticaron a Estados Unidos por escalar ese conflicto y otras, por las afectaciones económicas que ha provocado el cierre del estrecho de Ormuz.
Países como el Reino Unido hicieron una crítica frontal a Rusia; Ucrania, por su parte, pidió a las demás naciones no dejar de apoyarla frente a la invasión y Rusia argumentó que no se va a detener hasta lograr sus objetivos.
Casi al unísono, hubo un llamado para regular la inteligencia artificial; de manera sorpresiva, o quizá no tanto, fue Donald Trump quien reconoció la existencia de la inteligencia artificial como un tema prioritario, pero no habló sobre su regulación.
Existieron temas regionales, con países asiáticos expresando su preocupación por el desarrollo del programa nuclear de Corea del Norte, o países latinoamericanos que hoy son gobernados por aliados de Trump hablando sobre el narcotráfico como una amenaza que debe ser destruida.
Fue también parte de la agenda el bloqueo que Estados Unidos está llevando a cabo contra Cuba, la necesidad de reestructurar el Consejo de Seguridad y las críticas al veto como un obstáculo a la paz de la humanidad, así como la necesidad de volver a un sistema institucional en donde los acuerdos prevalezcan para mejorar las condiciones de vida y disminuir los precios de la vivienda.
Como asistentes destacados estuvieron el presidente de Siria, quien fue en algún momento un peleador yihadista y hoy le dice al mundo que su país está listo para reincorporarse al orden global; fue muy cruda la intervención de la presidenta Delcy Rodríguez, quien agradeció al presidente Trump por querer reactivar relaciones, después de que este tomó la decisión de ir por el presidente y dictador Nicolás Maduro.
La Asamblea General, mediante los mensajes de los principales líderes mundiales, nos dejó ver que son tiempos de cambio, los cuales provocan una necesaria y difícil reestructuración del orden mundial. Lamentablemente, ese cambio, sumado a la era de los líderes que mucho hablan pero nada construyen, provoca que la demagogia y el hambre de poder predominen sobre la buena política y la construcción de acuerdos para el bien de la humanidad.
El problema real es que detrás de todos los problemas expuestos, cuya solución hoy se ve obstaculizada por agendas electorales e intereses inmorales, hay gente que vive con miedo, con hambre y cuya vida y desarrollo se ven interrumpidos. Considero que, observando la tendencia demagógica en lo internacional, en lo local debemos apostar por el bien común que se consigue a través de los objetivos, el trabajo y los resultados comunes.









