Todo el tiempo hemos utilizado recursos que también pertenecen o sirven a otras personas, un ejemplo de ello es el agua, todos nos beneficiamos de su consumo y lo mismo sucede con otros recursos que compartimos.
Cuando cada persona busca obtener el mayor beneficio posible de un recurso limitado, las decisiones individuales pueden provocar su deterioro, esta situación se conoce como la tragedia de los comunes, una idea popularizada por Garrett Hardin explica la tensión que puede surgir entre el interés individual y las necesidades de una colectividad.
Este autor expone como ejemplo un terreno utilizado por varios pastores en donde a cada uno le resulta conveniente incorporar más ganado porque recibe directamente un beneficio. En cambio, el desgaste del terreno se distribuye entre todos, el uso del terreno termina afectando el recurso del que todos dependen.
Este problema resulta relevante porque muchas de nuestras decisiones parecen pequeñas cuando las observamos de manera aislada. Sin embargo, cuando miles o millones de personas toman las mismas decisiones el resultado adquiere otra dimensión.
La tragedia de los comunes permite comprender la diferencia entre el beneficio individual y sus consecuencias colectivas, cada persona puede encontrar razones para aprovechar un recurso, mientras el costo de ese aprovechamiento se distribuye entre muchas personas.
Ante este escenario el derecho establece límites, distribuye responsabilidades y determinan las condiciones para utilizar determinados recursos. Una de las principales razones surge debido a que nuestras decisiones individuales producen efectos sobre otras personas.









