Cuando nos referimos al derecho a la salud, es hablar de uno de los derechos más importantes de todas las persona. Si alguien se enferma, poco debe importar su condición económica, edad, profesión o lugar de origen: Es decir, toda persona tiene derecho a recibir atención médica digna, oportuna y de calidad.
En ese sentido el artículo 4º de la Constitución federal reconoce que toda persona tiene derecho a la protección de la salud y además establece que la ley definirá las bases y modalidades para el acceso a los servicios de salud.
Sin embargo, entre lo que establece la Carta Magna y lo que ocurre en la realidad existe una distancia abrumadora que no puede ignorarse; pues es que, durante los últimos años se han escuchado numerosas promesas de transformación del sistema de salud, incluso el expresidente Andrés Manuel López Obrador se atrevió a afirmar que México tiene un sistema de salud mejor que el de Dinamarca, declaraciones que la presidenta en funciones de este país ha defendido, bajo el argumento de que su antecesor recibió un sistema de salud en muy malas condiciones.
Empero, estas afirmaciones discrepan de lo aludido por la mandataria, pues basta con acudir a cualquier hospital público para encontrar una situación verdadera que no coincide con esos discursos; pues la falta de medicamentos, insuficiencia de camas y camillas, equipos que requieren mantenimiento, poco personal que trabaja bajo presión y pacientes que en ocasiones tienen que comprar por su cuenta aquello que debería proporcionar la institución pública.
Por otra parte también se anunciaron grandes soluciones, como la llamada Megafarmacia del Bienestar y el modelo de los Hospitales del Bienestar; sin embargo, ninguna de ellas ha funcionado y es que el problema no se resuelve pronunciando que existe un nuevo modelo de salud, ya que si se necesita un medicamento, pues tienen que comprarlo, pues poco les ha importado que exista una gran farmacia destinada a garantizar el abasto. Así mismo cuando se programa una cita para recibir atención médica, hay que esperar meses, incluso hay personas que mueren antes de que llegue el día de la cita.
En ese sentido, la discusión sobre el sistema de salud no debería convertirse en una competencia de gobiernos para demostrar quién hizo más o quién recibió peores condiciones. Tampoco se trata de afirmar que todo está mal, ni de negar los avances que puedan existir. Se trata de exigir que las promesas correspondan con los hechos y que el derecho reconocido en el artículo 4º constitucional no se convierta en una simple declaración.
Lamentablemente el derecho a la salud actualmente no se garantiza diciendo que el sistema si funciona, pues porque es incongruente y ofende la inteligencia de los mexicanos; la salud se garantiza haciendo que funcione cuando una persona más lo necesita ya que nadie puede programar sus enfermedades y tristemente quienes padecen las deficiencias es la ciudadanía; finalmente es importante citar que pretender convencer a los mexicanos de una realidad distinta no es solucionar el problema, es intentar ocultarlo en el discurso falaz.









