Este 14 de septiembre, los chiapanecos festejamos la Federación de Chiapas a México, evento que se diera en el año de 1824, ello, al quedar la entidad en una situación de incertidumbre por la independencia de algunas provincias de Centroamérica y disolverse el Primer Imperio Mexicano. En efecto, sus habitantes de la época, deciden quedar libres para construir un mejor destino y dejar de pertenecer a la Real Capitanía de Guatemala. Es al final de un proceso y mediante un plebiscito celebrado el 12 de septiembre que la mayoría de la población elige integrarse a México por voluntad propia.
A propósito, hoy, pongo a consideración de ustedes, dos poemas escritos con mi muy emoción provinciana.
CHIAPAS
Extraviado en las cañadas, extraviado en las páginas de la historia, extraviado por geógrafos sin licenciatura, ahí, te encuentras. Y en el rubor de la Malinche, con recelo murmuras tu destino, la selva se estremece, los ríos se desbordan y los ojos ajenos vuelven a ti. Así, el cielo se cae, se cae tan lentamente, que sufres, sufres porque tus hijos se ahogan, en ese llanto que no es tuyo.
El océano, casi te envuelve, el Petén, te enamora, te llama, te insiste. Los pájaros te gritan, te cantan, te reclaman. En el centro, te quieren, te admiran, lo dicen y no te conocen.
En enero, incólume, resistes, te invaden, te retratan, te hacen notoriamente, notorio. Perspicaz, esperas, paciente, estático y nada, Sabines te escribe, Rosario te ama, Enoch te admira, te idolatra, ella, lo afirma, sabiendo que son muchos años de una denuncia, de una injusticia, sólo a ratos parcialmente atendida, se lo dijo Fray Bartolomé de las Casas, se lo dijo al oído y ella lo afirma.
Tu belleza, sin par, sin igual, te adorna, te luces y hasta películas a color te toman, así te exhiben, te llevan y te traen y nada. Nosotros aquí y en ti, te llevamos la marimba, de noche, de día y toca lo que pides. Te gusta Erundina para la tanda primera, y bailas el vals y hasta te palomean.
Tus hijos, unos mestizos, otros indígenas, unos de matrimonio, otros de patio, todos te olvidan. Las visitas te exprimen, te extraen, te explotan, te ensucian y te roban. Los copetones no saben qué hacer contigo, sólo apenas quince minutos bastaron para ellos y hasta se encuentran de ti, hoy, hoy aburridos.
Pero ahí estás, por amor al arte y te elevas y Dios te acoge y das, das un arcoíris, un sol, un mar, un cielo, una flor, un cuento, una poesía. No hay obsesión, no hay preocupación, no hay noche en vela y no te importa el borrascoso amor de Marcos, ni la soledad, ni el desamparo, ni la melancolía.
Así, como recién bañada con olor a juncia, jugando juegos de rimas con sus asonantes y consonantes, transitando por senderos seguros, sin naufragios, impecable, puesta, ofreces con tu sonrisa dulce, sólo letras, amorosas letras.
TAPACHULA
Volcán de palabras y bruma, en el principio del mundo, de donde salió la vida, en esos siglos y en esos años, con natural pirotecnia, de magma y roca fundida, alteraste el entorno, según cuenta la historia, el anciano Mam, de tu cultura. El Tacaná, cuerpo montañoso, inicia el desfile de Mesoamérica, es cumbre de los montes y lugar alto del campo, abertura de la tierra, en donde de tiempo en tiempo, sale humo, llamas y materias encendidas. Mi tierra, llena de verde, llena de agua, llena de flores, siendo tan niña, invitó al pintor para plasmar el lienzo, invitó al escritor para escribir el libro, invitó al músico para cantarle. En su morada, Tapachula, crisólito del volcán, sentía de Dios, su presencia y, encontrándose a los pies de él, un pájaro carpintero al cráter se metía, y en su interior, marimbas construía.
El pacífico, grande y dilatado mar, emocionado sobre las pasiones, desde su señorío, movió las olas para agitar la selva; movió las hojas de los bosques de encino, de pino, de páramo, movió también los helechos, la niebla y los pastizales alpinos. Desde ése cuerpo líquido majestuoso, que cubre la mayor parte de la tierra, en donde combatido han, maravillosos peces multicolores, que llegan a tus pies, a tu playa, con hombría de bien, un piropo te lanzaba. Presumida por tus encantos, pisas la tierra mágica, y con las corrientes de agua que fluyen de los ríos, te bañas desnuda, y te acaricia el Coatán, te seduce el Cahoacán, te envuelve el Texcuyuapan, y te besa el Coatancito, y cantas y ríes. Tu raza de sangre azteca y mexica, rodeada de enclaves mayas, hizo de ti, la perla del Soconusco. Tapachula, entre todo, quedas sosegada, subordinada, sujeta, irresponsable de tus actos, ya sin agitación, en un lecho de amor, preparándote para la mar, agitada por las olas, o quizá esperando las caricias vivas del Tacaná, te encuentras con desembarazo, y te envuelve la lluvia, la que te limpia toda, la que hace ríos para niños, que barquitos de papel construyen y con cariño echan, hacia un destino, vivir siempre para ti.
Lloras un mar de lágrimas, y de vez en vez, con pasión ardiente e ira, ordinariamente sin saberlo, coqueteas con el colosal cuerpo montañoso, y lo haces también con el océano. En un perturbado mar, emocionada sobre las pasiones, osada, miras a los astros sobre el horizonte, y te elevas hasta el vértigo de la altura, y esperando las caricias, te atreves a decir: Ellos riñen mi belleza, En la casa del fuego, En el faro del sur, y sintiéndote volcán, agitada por las olas a Dios te entregas, te entregas a Dios.
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Tuxtla Gutiérrez, Chiapas; agosto 2000









