El 18 de enero de 2025, en este mismo Congreso del Estado, fue creado el Grupo Zapata, integrado por ciudadanos interesados en lo que pasa a su alrededor. En el mensaje inaugural se mencionó que es incorrecto pensar que lo político no debe ser personal. Nosotros creemos que lo político es personal y, bajo esa lógica, quisiera hacer una analogía para explicar por qué son importantes estos eventos, en los que jóvenes ocupan esta tribuna y se sientan en esas curules.
Quisiera hacerlo preguntándonos para qué sirven los momentos difíciles en la vida.
Un momento difícil que te reta, te cimbra o te duele puede no servir para nada y solamente ocurrir por una serie de desafortunadas coincidencias, dejando una herida que no sana.
Sin embargo, después del silencio, la incomodidad o el sufrimiento que nos puede dejar un periodo de oscuridad, podemos tomar la decisión de afrontarlo; de escuchar, en su silencio, algo que hemos ignorado; de tomar su impacto para detenernos a reflexionar; y de encontrar, en las ganas de superarlo, la decisión de cambiar.
No es un proceso fácil; tampoco es un proceso rápido. Existe una gran distancia entre decidir estar bien y sentirte finalmente bien, pero es un camino que vale la pena tomar porque llega a buen puerto.
En estos eventos, detrás de la foto en el Congreso, del perfume o del peinado utilizados para el gran día, o de la oportunidad de cumplir un sueño, hay jóvenes de distintas partes del estado que hicieron un alto en su rutina, trabajo, obligaciones, preocupaciones y normalidad. Decidieron detenerse para preguntarse: ¿qué es aquello que me gustaría cambiar de mi ciudad y, más importante aún, cómo podría lograrlo?
Por supuesto, a todos nos duelen la inseguridad, los altos costos de vida y la incertidumbre laboral, pero ¿cuántas veces nos detenemos a preguntarnos qué nos gustaría cambiar de lo que vivimos y cómo nos gustaría hacerlo? Ese es un paso muy importante que muchos mexicanos no han dado por pensar que las cosas son como son y no pueden cambiar.
Sin embargo, cuando dejemos de permitir que un líder mesiánico nos diga lo que nos molesta y seamos nosotros quienes lo identifiquemos, lo hablemos y actuemos sobre ello, empezaremos con pequeños cambios que son muy significativos, como emitir un voto más razonado, encontrar a personas que compartan nuestro sentir, organizarnos y poder dar un paso hacia esa solución.
Espacios como estos —de diálogo, reflexión y escucha, que pronto se convertirán en acciones— son, en lo político, lo que aquellos momentos que nos mueven y nos provocan cambiar son en lo personal. Hoy veo que un acto heroico no está en quien camina sin miedo, sino en quien, con miedo, se atreve a dar el primer paso y, después, el segundo.
En la imagen de Emiliano Zapata encontramos a un morelense seguido por otros morelenses que, sabiendo lo que les dolía y lo que no era justo, caminaron contra un régimen que no parecía posible derrotar. Ellos lo hicieron con las armas, pero hoy nosotros tenemos la posibilidad y el privilegio de hacerlo con el diálogo. No lo desaprovechemos.
Es incluso poético pensar que jóvenes se detienen a plantearse: ¿qué voy a hacer para que mañana sea mejor? No debemos sucumbir ante la idea de que las cosas malas son como son y que no podemos hacer nada al respecto, ni ante la idea de que el sufrimiento es una forma normal de vida y no está en nuestras manos cambiarlo.
La rebeldía que debe estar de moda entre los jóvenes no se encuentra en las sustancias ni en los excesos; se encuentra en el pensamiento libre y en la convicción de que, con diálogo, trabajo, empatía, constancia y preparación, mañana será mejor.
* Discurso pronunciado en el Congreso del Estado de Morelos, agosto 2026.









