Tiempo atrás, para un gran número de personas tener un empleo formal significaba contar con estabilidad al ser una fuente de ingresos, y ofrecer la posibilidad de construir un proyecto de vida alrededor de él en donde se permitía permanecer en un mismo puesto para desarrollar una trayectoria laboral y contar con prestaciones, esto es lo que formaba parte de una expectativa de empleo formal.
Hoy ese proyecto parece cada vez menos evidente, tener trabajo no significa tener estabilidad ni seguridad, en la mayoría de los casos los contratos son temporales, los empleos eventuales, la rotación es constante, la subcontratación y otras formas de vinculación laboral han hecho que para muchas personas trabajar implique estar en una situación de incertidumbre, pues no hay certeza sobre cuánto tiempo permanecerán en su puesto o cuáles serán sus condiciones laborales.
Ante esta circunstancia, queda en evidencia que la protección social continúa vinculada a una concepción del trabajo basada en la estabilidad, cuando las condiciones laborales hoy en día son más inestables para un gran porcentaje de la población. Cada vez es más común que una persona no permanezca durante largos periodos en un mismo empleo, sino que transite entre diferentes puestos, instituciones, modalidades de contratación y periodos de desempleo.
Esta transformación modifica la manera en que las personas pueden organizar su vida, pues repercute en diversos aspectos de su vida diaria derivado de la falta de certeza, lo cual resulta más difícil hacer planes a largo plazo, adquirir una vivienda, formar una familia o incluso continuar con estudios.
La estabilidad, por tanto, no depende únicamente de estar empleado, también depende de las condiciones en las que se desarrolla ese empleo y de la posibilidad de prever qué ocurrirá después, pues las normas laborales y de seguridad social están hechas para proteger a las personas frente a determinados riesgos asociados al trabajo. Sin embargo, esa protección parte de una relación entre trabajador y empleador y cuando esa relación se vuelve más breve, fragmentada o cambiante, también se vuelve más complejo determinar cómo se debe garantizar.









