La veda electoral busca generar un periodo de distancia frente a la propaganda política para favorecer condiciones que permitan a las personas valorar las alternativas electorales con mayor libertad, con la finalidad de preservar un momento de reflexión previo a la jornada electoral, después de un periodo caracterizado por una intensa exposición política.
Sin embargo, las condiciones actuales han cambiado considerando que la veda surgió dentro de un sistema mediático en el que la radio, la televisión y la prensa concentraban la mayor parte de la circulación de información política. Actualmente, las redes sociales han incorporado una dinámica distinta en donde cualquier contenido puede permanecer disponible, lo que ocasiona que se mantenga abierta la posibilidad de acceder a esa información producida durante las campañas.
Por otro lado, el pensar en una regulación electoral nos encontramos con un conflicto con la libertad de expresión, pues esta tiene un papel fundamental porque permite que las personas participen durante el proceso electoral al comentar, analizar o cuestionar las propuestas de quienes participan en la elección.
Esta situación hace más complejo el poder discernir, pues cuando una persona publica una opinión sobre una candidatura o comparte una noticia sin que exista una intención de realizar propaganda y por otra parte una candidatura, partido político o tercero puede utilizar estas plataformas para continuar difundiendo mensajes que busquen influir en las preferencias electorales, en ambos casos se requiere atender al contenido, al contexto y a la finalidad de la publicación.
Ante esta cuestión la veda aún continúa teniendo una función dentro del proceso electoral, sin embargo, su aplicación en el entorno digital exige considerar las características propias de las redes sociales al mismo tiempo de proteger la libertad de expresión.









