¡A volar!
Con una inyección financiera superior a los 235 millones de pesos —aportados por el gobierno estatal, la Federación, el Grupo Aeroportuario Marina y la empresa privada Transcancun—, el Aeropuerto Internacional Mariano Matamoros en Cuernavaca busca dejar atrás su pasado inactivo para consolidarse como un nodo logístico, de carga y de aviación ejecutiva en el centro del país. Durante años, la terminal de Cuernavaca cargó con el estigma de ser una costosa obra subutilizada. Hoy, la apuesta de la administración de Margarita González Saravia relanza el sitio no solo como un capricho de conectividad, sino como una herramienta de rescate económico. La primera etapa prioriza la aviación privada, ejecutiva, talleres y carga, evitando repetir el error de abrir rutas comerciales inviables desde el día uno. Si la modernización del Mariano Matamoros logra articularse con el sector agropecuario de exportación, la industria y el turismo, dejará de ser una postal de buenas intenciones para convertirse en el motor que por fin le hacía falta al estado. El desafío apenas comienza y la pista está abierta.
Regular gaseras
La explosión de una pipa de gas de la empresa Tomza en la colonia Las Granjas, en los límites de Cuernavaca y Jiutepec, no debe leerse como un "accidente" aislado, sino como la dolorosa consecuencia de un sistema de distribución de gas LP que prioriza las ganancias rápidas sobre la seguridad de las familias. El saldo actualizado de la tragedia ocurrida el pasado jueves 6 de agosto es de 22 personas lesionadas y 34 viviendas afectadas (tres de ellas declaradas completamente inhabitables), además de coches calcinados e infraestructura urbana destruida. Este desastre debe ir más allá de los peritajes de la Fiscalía General del Estado y plantear un debate sobre la urgente necesidad de regular y supervisar con mayor rigor a las gaseras y su operación. Detrás de las cifras oficiales se esconden historias trágicas que queman la conciencia colectiva. El caso de Carla, una adolescente de 15 años trasladada de emergencia a un hospital especializado en Galveston, Texas, debido a quemaduras graves sufridas al proteger a su pequeña hermana de cuatro años, es el reflejo más crudo del peligro latente que recorre nuestras calles.
Adrenalina
El reciente operativo de emergencia en el sur del estado para localizar a un turista colombiano extraviado tras un salto con la empresa Skydive pone el dedo sobre una llaga que el turismo de aventura en México arrastra desde hace años: la alarmante falta de inmediatez en los reportes de incidentes y las zonas grises en la regulación de actividades de alto riesgo. El turismo de aventura es un motor económico indiscutible para la zona sur de Morelos, particularmente en los alrededores de Tequesquitengo y el aeródromo de San José Vista Hermosa. Sin embargo, cada incidente grave desnuda la frágil coordinación entre los prestadores de servicios y los cuerpos de protección civil. Cuando un salto de rutina se convierte en una pesadilla y el rastro de un deportista se desvanece entre campos agrícolas y ejidos, la reacción inicial suele ser la improvisación. El despliegue coordinado por elementos municipales y aeronaves privadas demuestra que la capacidad de respuesta inmediata depende en gran medida de la buena voluntad y los recursos de la propia empresa implicada, más que de un sistema de prevención y rescate aéreo especializado. Aunque el salto ocurrió el sábado alrededor de las 15:10 horas desde el aeródromo de San José Vista Hermosa, las corporaciones estatales de rescate recibieron el reporte oficial mediante los servicios de emergencia hasta altas horas de la noche. Cada minuto de silencio corporativo es un minuto que se le roba a la supervivencia de quien se encuentra desorientado o herido en una zona de difícil acceso.
Otro ataque a chofer
El ataque armado contra un conductor de la Ruta 13 en Yautepec es la confirmación de que la inseguridad es un riesgo latente en la zona, pese a los operativos que buscan pacificar la región. La violencia es una realidad donde el transporte público en Morelos se ha convertido en una actividad de alto riesgo debido a la impunidad del crimen organizado. La agresión contra el operador conocido como «El Diablito» en la colonia Corral Grande es la manifestación de un asedio violento que ya obligó a la suspensión temporal del servicio. Trabajar en el volante en municipios como Yautepec u Oaxtepec ha dejado de ser una labor de servicio para transformarse en un acto de supervivencia. El conductor tuvo que manejar herido durante varios kilómetros para ponerse a salvo. Esta línea de transporte arrastra un historial reciente de amenazas directas por presuntos grupos delictivos dedicados al cobro de piso.









