En una capacitación que pretendía concientizar a las personas respecto a su habilidad para anticipar dificultades, se empezó a presentar un escenario de segregación. Bajo esas condiciones se puso sobre la mesa una pregunta clásica ¿A quién de ustedes le pagan por lo que sabe? La clase se dividió por completo. Aquellos administrativos que tomaban decisiones basándose en el análisis de datos, alzaron la mano de inmediato generando polarización con quienes realizaban el trabajo físico y quienes se instalaron en “a mí me pagan por lo que hago”. Otros se pusieron creativos y dijeron “a mí me pagan por lo que hago con lo que sé”. Así que reflexionamos respecto al por qué en ocasiones rindes más y en otras ocasiones rindes menos si siempre sabes lo mismo e incluso hasta más. ¿Por qué si tu conocimiento se incrementa hay días que avanzas menos que otros? Hubo un sinnúmero de opiniones interesantes que incluían asignación de responsabilidades a otros compañeros, a las políticas y hasta las personalidades de las gerencias. La idea era llevarlos a una óptica de “te pagan por lo que haces con lo que sabes y lo que haces con lo que sientes”.
Cuando te encuentras apresurado, frustrado, cansado, difícilmente desarrollas tu potencial. No importa cuánto conocimiento tengas sino la forma en cómo te sientes en ese momento. Las acciones proactivas y reflexivas nos conducen a actuar de manera eficaz y segura.
La acción genera atracción. Cuando tu proactividad se hace presente, las personas pueden notar hacia donde te diriges y estarán más dispuestas a colaborar. Se sienten atraídas por tu desempeño. Ese magnetismo se reproduce exponencialmente y la participación se amplía hacia todos los ámbitos.
La acción genera tracción. Nuestro actuar es el movimiento de un engrane o una polea, genera tracción en quienes nos rodean. Si las personas a tu alrededor observan una conducta que genera resultados, tenderán a moverse en esa dirección, Se activa la empatía, la reciprocidad, la colaboración.
La inacción, ya sea por enfermedad o complacencia, genera el efecto inverso. Las personas tienden a comprometerse cuando cada quien está haciendo su chamba. Si consideran que alguien no está alineado con la dinámica de trabajo tenderán a trabajar de manera subestándar.
Cuando mi madre observa desgano, o apatía (aún y cuando sea porque estás enfermo) te grita un ¡Actívate, actívate! Y sí. Cuando te mueves tu cuerpo mismo responde, sin importar como te sentías. Tu corporalidad influye en la generación de neuroquímicos que estimulan el sistema autoinmune y mejora tu salud.
Entendamos nuestro rol en una organización, en la familia, en la sociedad, para que nuestro actuar, a pesar de no sentirnos tan bien, produzca esa tracción que permite la integración activa de más personas para avanzar en los objetivos que produzcan un bienestar común.
Cuando estás en movimiento tu sistema sensorial está alerta. Tiende a modificar tu proceso atencional porque el movimiento implica interactuar con un nuevo lugar a cada instante. Si te mantienes atento mientras te mueves, estarás consciente de tu equilibrio, agarre y tracción al desplazarte.
La pasividad es buena en muchos sentidos. Pero aún para la reflexión, es importante el movimiento. Seguro estoy que has experimentado esa sensación de resolver una cantidad importante de situaciones mientras caminas. Cuando empiezas a moverte estimulas tus conexiones sinápticas y te llega la inspiración. Tu creatividad se enciende. Tu motivación se activa. Y ese estado de ánimo hace que los demás se quieran mover también porque tu desplazamiento positivo genera confianza.
No siempre tienes que sentirte contento para regalar una sonrisa. Piensa en las personas de atención al cliente, a los cantantes o a los actores que tienen que realizar su trabajo con amabilidad y cortesía aun cuando tengan un enfermo en el hospital, una dificultad financiera o una pérdida importante. En su proceso reflexivo saben que la conducta se regula, las emociones no.
Normalicemos actuar a pesar de no sentirnos tan bien. Movernos con dolor o sin energía, puede resultar en grandes beneficios o evitar que se agrave alguna condición de salud.
Privilegiemos las bondades del actuar reflexivo independientemente de nuestro sentir. Motivemos a otros a moverse también. Activemos el poder de la tracción.









