¡Qué vergüenza! Morelos, nuestro querido Estado portador de una Historia relevante, agente de la Revolución con héroes destacados que se entregaron por los pobres y los desvalidos a quienes veían como prójimos, que lucharon por la Justicia acompañados de mártires anónimos que tampoco dudaron en su sacrificio… hombres y mujeres zapatistas ejemplo íntegro de vida… Morelos, este nuestro Estado, se encuentra ahora gobernado por delincuentes.
Recordemos un pasaje del Evangelio aquel en el que Jesús ingresa al Templo y sorprende a fariseos y publicanos cobrando impuestos al pueblo, impuestos que debían pagarse al César, emperador romano. Igualmente circulaban ahí toda clase de mercancías todo lo cual lo llena de indignación. Cito:
Después, Jesús entró al Templo y echó fuera a todos los que vendían y compraban en los patios. Derribó las mesas de los que cambiaban monedas, lo mismo que los puestos de los vendedores de palomas, y les declaró: “Dios dice en la escritura: Mi casa será llamada Casa de Oración, pero ustedes la han convertido en cueva de ladrones”. (Mateo 21, 12-13)
Juan añade algo significativo: Hizo un látigo con cuerdas y los echó a todos fuera del Templo con ovejas y bueyes, y derribó las mesas desparramando el dinero por el suelo. (Juan 2,15)
El presidente de Cuautla, Jesús Corona Damián, se manejaba como el jefe de la Banda de extorsionadores.
El de Atlatlahucan estaba ligado a células criminales.
El de Temoac, ajusticiado recientemente, era investigado por complicidad. Su suegra, la Tesorera municipal, ya está presa.
El de Yecapixtla, detenido también, ya había huido sabiéndose culpable.
Y faltan otros… ¿Tanto descaro?
He utilizado el texto del Evangelio porque se dedica precisamente a estos creyentes, puritanos, fanáticos persignados del Pan cuyo fariseísmo ahora se descara. Sin embargo, siguen acusando a otros de sus propios pecados. Venden bienes públicos como mercancías, hacen negocios ilícitos, cobran el impuesto para el César en el Templo. De ahí la indignación de Jesús por haberse atrevido a convertir un lugar sagrado en cueva de ladrones.
El Evangelio, para los creyentes, debe considerarse Palabra acontecida. Los cristianos están obligados a hacerlo incidir en su realidad vigente, en su trabajo, en sus compromisos sociales y personales. No pueden reducirlo a actos de culto a que le obligan sus preceptos en el templo donde juntan sus manitas y ponen cara de idiotas (que no les cuesta nada) para rezar con simulado fervor.
¿Qué son los Ayuntamientos? Son el sitio desde el cual se estudian los problemas que el municipio padece con el propósito de buscar comunitariamente una solución en favor de los más necesitados, primero. Pero, si el presidente municipal se dedica a organizar una pandilla de ladrones para robar, amenazando, a esos pobres… ¿en qué ha convertido ese sitio privilegiado, casi sacrosanto, más que en una cueva de ladrones? ¿Cómo es posible que, aquel individuo, en el cual hemos depositado nuestra confianza se convierta en el principal maleante que no solo cobra piso y extorsiones, sino que asesina si no se le paga?
Ampliemos el espectro porque ya nos estamos cansando. A todos estos alcaldes, ediles, diputados, senadores y gobernadores (goberladrones, les llegamos a decir hace no mucho) les tenemos que guardar estas frases de Jesús dedicadas con suficiente vigor y enjundia a los fariseos de entonces: ¡Raza de víboras! ¡Sepulcros blanqueados!
En la lista de los próximos candidatos se instala ya desde endenantes la ambición y la soberbia. Sabemos de algunos que siempre se han sentido los únicos elegibles porque se creen los mejores. No asoma en ellos ningún ápice de humildad que es justamente la virtud propia del autoconocimiento que hacía de Sócrates el paradigma de la Modestia.
El Papa Francisco lo dijo: La Política es la mejor forma de hacer la Caridad. ¿Qué otra cosa si no, es atender al más necesitado, al más pobre, a aquel que no tiene recursos, que padece hambre y desnudez? Tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estuve desnudo y me vestiste, enfermo y me atendiste, preso y viniste a verme… dice Jesús en otro párrafo evangélico refiriéndose a aquel que ha cumplido la voluntad del Padre.
Y Max Weber, a su vez, afirma: la Política, como profesión, es la peor de las profesiones. Como Vocación, es la mejor de las vocaciones.
¿Ya se va entendiendo?









