Hay que hacernos la pregunta de manera seria para responder con objetividad. Si un árbol cae en el bosque cuando no hay nadie presente a varios kilómetros ¿Hace ruido? No es que vayamos a responder con tecnicismos o con conjeturas filosóficas. Simplemente establecer una línea de pensamiento que nos haga desvelar la importancia de estar presente.
Hoy la presencia ha migrado (o mutado) a un concepto distinto. Hoy la ubicuidad que nos brinda el teléfono nos hace sentir que estamos presentes con personas que están a distancia. Sin embargo, también representa que nos ausentemos de quienes conviven con nosotros en el mismo espacio geográfico. Nos ocupamos de alguien más mientras estamos acompañados. Y uno puede caer en la dinámica de resolver problemas a distancia, informarte de los estados de procesos, monitorear el avance de una tarea, pareciendo que todo ello tiene que ver sólo contigo, y la verdad es que tiene mucho más que ver con la manera en que se forja tu personalidad y lo que de tu persona entregas a un sistema interconectado. Un sistema que sabe dónde estás, qué tipo de información manejas, qué volumen de datos compartes y con qué frecuencia lo haces. Si me aventuro un poco también se puede saber con cuánta seguridad, desgano o excitación compartes esa información.
Podemos tener la sensación de estar creando comunidad, pero al mismo tiempo estamos alimentando un algoritmo que observa los comportamientos y preferencias de esa comunidad. Y aquí viene la parte interesante porque este régimen de la información mantiene aislados a sus participantes aun cuando están reunidos.
En su libro “Infocracia” el autor Byung-Chul Han describe cómo las formas de dominación han modificado la forma en que las personas perciben su libertad, pues los hace sentir en control de su individualidad cuando en realidad los instala en una especie de panal donde están todos juntos compartiendo datos y perfilando las preferencias conforme a ese intercambio de datos que no es inofensivo.
Si regresamos a la pregunta del árbol, pareciera que todos escucharon la caída del madero. Ninguno estuvo ahí, pero todos describen la escena con formas, sonidos y colores. Esa descripción exhibe nuestra forma de interpretar, nuestra afectación por los hechos, nuestros miedos ante situaciones similares y eso podría llevarnos a votar por un partido en específico, hacer compras anticipadas por vanidad o planear las siguientes vacaciones.
Hoy día es importante para cualquier proveedor de servicios, estar visible en las redes y compartir contenido que sugiera una oferta de valor que resuelva un problema o cubra una necesidad. Es necesario tener un canal de comunicación donde las personas estén dispuestas a interactuar para establecer ese nodo que nos lleve a la venta.
Las personas que en su contenido no están ofreciendo soluciones a un problema, están exhibiendo los tipos de problemas existentes. Son la materia prima que le dice al sistema qué es importante o qué nos está preocupando. Cada consulta en los motores de búsqueda, cada minuto que mantienes tu atención en determinado tema o cada vez que repites y compartes, alimentas el algoritmo que genera tendencias y encuentra nuevas formas de convencerte en adquirir una postura social, cultural, política que nos lleva a la toma de decisiones para moldear el futuro a través del consumo digital.
Seamos selectivos. Seamos críticos, entendiendo que la crítica no se trata sólo de emitir una opinión de todo lo que nos rodea, sino de distinguir cuando vale o no la pena dejar por escrito una opinión pensada y argumentada.
Estamos creando un ecosistema de sumisión voluntaria que nos desplaza hacia la polarización sistemática que está privilegiando la conveniencia de unos cuantos. El bosque no me deja ver el árbol.









