Millones de mexicanos estuvieron emocionados un poco menos de un mes aproximadamente con la esperanza de que la selección mexicana de futbol iba a llegar al menos a octavos de final. Crearon frases como “¿y si sí?”, reconocieron una mascota como la representativa de la afición mexicana, mostraron conductas poco aceptables como extender su algarabía, pero abusando de otros mexicanos, sacudiendo sus vehículos, provocando reacciones de algunos conductores de “aventarles” el carro. Hubo otros actos aceptables como los conciertos de Maná en Guadalajara. Celebraciones en todo el país, convivencia de mexicanos con extranjeros que se contagiaban con la alegría de los locales.
Este torneo de copa mundial de futbol fue diferente, porque se organizó por tres países, pero solo México mostró la pasión en las canchas, en las calles, en las escuelas y en las familias. Pocos países como México en el aspecto que se vive en la sangre la fiesta futbolera.
Las familias completas se preparaban en cada partido para reunirse y compartir la alegría los goles mexicanos. Comida, bebida, botanas, dulces. Todo mexicano, como si hubiésemos adelantado las fiestas septembrinas.
Fue diferente este torneo, porque no fue muy accesible a la población ya que los precios de los boletos para acceder a los partidos en los estadios oscilaban entre los seis mil y treinta mil pesos. Esos costos en taquilla, pero en la reventa se quintuplicaba el costo. Fueron partidos para elitistas. No fue accesible. El grueso de la población que gusta enormemente del futbol se conformaba con estar cerca del estadio y vivir el ambiente, aunque sea de lejos. Otros en plazas públicas. Otros pocos en restaurantes y bares, cafeterías u otro tipo de establecimientos. La mayoría se quedaba a ver los partidos en casa, que fue la forma más cómoda y segura.
Hubo momentos de estrés público, donde la cantidad de gente reunida puso en riesgo la vida de todos, creando caos y momentos de terror, hubo muertos en los festejos lamentablemente.
Durante las victorias del seleccionado local todos aplaudían y disfrutaban de las jugadas, del ambiente, de los enfrentamientos verbales, de los fanáticos de los países de los equipos rivales. Principalmente nuestros hermanos de Ecuador. Hubo de todo en ese partido.
Cuando México se iba a enfrentar con Inglaterra, existía la duda, otros la seguridad que se podía ganar. Los adivinos, los “pitonisos”, los “magos”, declaraban que México ganaría. Expresaban que había muchas señales que indicaba que nuestros jugadores podrían ganar a los ingleses. Los que sabían de la fuerza que tenían los ingleses si desconfiaban, otros temían y algunos declaraban que no se podía ganar ese partido. Pero la esperanza muere al último y así sucedió. Llegó el día esperado del quinto partido que parece una “maldición para nuestro país” porque nunca ha pasado de ahí. O ha pasado, pero no llega a cuartos de final.
Después de la derrota, todos decimos que fue “con dignidad” y “luchando hasta el final”, otros que murió en la raya”. Y ciertamente así fue, porque se observó el esfuerzo y el empeño que cada uno de los jugadores puso en ese partido.
Posterior a ello aparecieron los comentaristas que se creen especialistas y expusieron los errores y la falta de tino del director técnico.
En fin, ya se acabó el sueño y el deseo de saborear el estar en los cuartos de final o de luchar por una copa en una final de un mundial.
Lo que haya sido, los mexicanos disfrutamos como nunca estos partidos. Y digan lo que digan los especialistas a los que yo les llamo “aguafiestas” porque con sus argumentos “técnicos” nos hacen dejar de creer para otra ocasión en un torneo mundial.
El siguiente torneo será al parecer en seis países. Y en tres continentes. Muy rara será esa copa mundial. Veremos si nuestros seleccionados son preparados con un buen proyecto y una buena planeación. En fin, esperemos otros cuatro años.









