Argentina ha derrotado en octavos de final a Egipto en un partido de muchos matices y controversias. He escuchado que una de las prácticas más difíciles en esta temporada de partidos mundialistas es la de ser “odiador de Messi”. Entendemos que hay situaciones en la cancha, que pudieran o no, ser circunstanciales. Por ejemplo, si debieron o no expulsarlo en el primer partido, o algunas posturas conspirativas respecto a sus privilegios con la Federación y las consideraciones por parte del cuerpo arbitral. Pero es innegable la calidad del jugador, la genialidad de un futbolista con oficio y la manera de resolver en apenas un palmo de terreno. La pulga es todo un espectáculo.
Del otro lado tenemos a un equipo que sólo ha llegado a justas mundialistas en cuatro ocasiones 1934, 1990, 2018 y 2026. En las tres primeras nunca había superado la fase de grupos, es más, ni siquiera habían ganado un solo partido. La victoria sobre Ninicueva Zelanda representó su primera victoria en mundiales. Y aquí convergen una serie de condiciones que reflejan la brecha entre ser un campeón mundial en el terreno agreste del espectáculo de la FIFA y la energética personalidad de un equipo que tiene juventud y talento, pero le falta desarrollar el oficio.
Recuerdo haber tenido aquella conversación de ingeniería en que se calculaba el diámetro de la tubería para elevar el agua hasta el punto del tinaco. Se hacían cálculos en el aula considerando distancias, potencias, curvas y con diferencias de decimales en los resultados. Uno de los chicos que había sido fontanero dijo sin siquiera revisar los números “con una tubería de una pulgada será suficiente”. No tenía el conocimiento de la fórmula, ni el desarrollo de esta, pero tenía el oficio, sabía que en la tlapalería había de tres cuartos y de media. No había más.
A la selección egipcia le faltó ese oficio. Reclamar un penal con la angustia de una madre que pide atención médica para su hijo; una coreografía perfectamente ensayada para salir volando por los aires después de tener el mínimo contacto con su oponente; enfatizar en la revisión del VAR cuando sus intereses se vean vulnerados.
El dominio técnico del discurso deportivo es fundamental para reescribir el resultado. La experiencia práctica para realizar la lectura del partido y exagerar en el momento preciso hacen la diferencia en la conducta del árbitro.
Anteriormente decíamos les “faltó malicia”, Hoy lo dejaremos en que están “construyendo el oficio”. Si en teatro se dice “les faltan tablas” a estos chicos “les falta césped mundialista”. A balón parado vencieron a Australia. Pero en balón dividido pudo más el oficio de los argentinos, su trabajo de conjunto, su reacción colectiva en cardumen para reforzar la narrativa. Los resultados tempranos revelaron un oficio aparente de los egipcios, ya que a la hora buena se desvela esa necesidad de hacerlo patente.
En nuestra vida diaria tenemos situaciones un tanto cuanto similares. Nos envolvemos en dinámicas laborales que privilegian el conocimiento práctico y desempeños suficientes que dejan de lado el desarrollo del oficio. La óptica en la lectura de la realidad requiere de incorporar un poco de astucia, malicia y hasta un histrionismo pertinente para cada situación. Trata a la gente como ella quiere ser tratada, porque no siempre tendrás reciprocidad. Tampoco creo que debamos ser inicuos, sólo adaptar nuestra conducta a las reglas no escritas, pero si vistas. El personagrama siempre será más eficiente que el organigrama.
Te deseo que no sacrifiques tu esencia, que no dejes empeñada tu dignidad en la adquisición del oficio. No es el punto. Sin embargo, es importante considerar que las prácticas de cada disciplina tienen implícitos matices de adaptación conductual e incluso un poco de simulación. Una simulación que no signifique desvalorizarte sino la conservación de la ventaja en un mundo tan competitivo.
No sometas tu éxito a la pleitesía permanente. No hagas un trueque de valores que perjudique tus principios. Sólo sé pertinente con las circunstancias. Atrévete a ser peligroso sin tener que demostrar por qué lo eres.









