El proceso electoral está próximo a iniciar formalmente; será en septiembre cuando esto ocurrirá. Es por ello que el ambiente político comienza a impregnarse de infinidad de decisiones en torno a intereses electorales. Uno de ellos es la publicidad mediante spots con los que los partidos políticos buscan promoverse, a través de los diversos medios de comunicación.
Se entiende, sin lugar a dudas, que la estrategia tanto del PRI como del PAN responde a la necesidad de reconstrucción de su legitimidad política, después de haber gobernado durante varios periodos, en distintos niveles de gobierno y aun en este mismo. Esto, frente a todos los agravios cometidos, las corruptelas sin límite, las acciones que lastimaron el interés colectivo solo para beneficiar a unos cuantos y un largo etcétera de prácticas que hoy pretenden resarcir con sus campañas publicitarias.
Estos mensajes suelen centrarse en denunciar problemas como la inseguridad, el crecimiento económico, la supuesta corrupción o las deficiencias en los servicios públicos de quienes hoy gobiernan. Sin embargo, se les olvida el papel que estos mismos partidos desempeñaron en la configuración de muchos de estos problemas durante el tiempo que estuvieron en el poder. Desde esta perspectiva, los spots pueden entenderse como una estrategia de construcción del relato político que pretende atribuir los problemas actuales exclusivamente al gobierno en funciones e intenta minimizar la continuidad histórica de fenómenos estructurales.
También es evidente que esta estrategia apela con frecuencia a emociones como el miedo, la incertidumbre o el descontento para movilizar al electorado. Esa estrategia no es nueva, ha sido utilizada desde hace ya algún tiempo por parte de la oposición para intentar reposicionarse, aunque sin resultados muy concretos.
El neoliberalismo, que consiste en un modelo de desarrollo asociado con privatizaciones, apertura económica, disciplina fiscal y una menor intervención del estado en diversas áreas, lo que provocó es una alta concentración de la riqueza y con ello mayores índices de pobreza y desigualdad social. A ello se sumaron prácticas de corrupción sin límites y altos índices de impunidad. No obstante, hoy la oposición se empeña en convencer de que impulsaron la estabilidad macroeconómica, la inversión y la modernización institucional.
En términos llanos, estos partidos políticos intentan con su estrategia mediática de spots manipuladores, recuperar respaldo político del electorado, a partir de una serie de críticas al actual gobierno, aún cuando lo que hacen es de una desfachatez impresionante porque todo mundo sabe que lo que pretenden criticar ellos lo provocaron y nunca tuvieron la mínima intención de resolver sino al contrario. Por ello es importante cuestionar si las afirmaciones que mencionan en sus spots presentan datos verificables o son sólo aseveraciones sin sustento; si la información que comparten es relevante o solo es paja; si proponen soluciones concretas o es tan sólo crítica vacía y, finalmente, si los argumentos emitidos son congruentes con la historia del partido que los asume.
Todo ello es importante y necesario dirimir, porque desenmascara a estos dos partidos políticos, cuyo único interés es reposicionarse para concluir su obra magna, que consiste en terminar de saquear al país. Alito Moreno representa lo más putrefacto de la política mexicana, lo mismo que Ricardo Anaya. Ambos personajes, emblemáticos, uno del PRI y el otro del PAN, son cínicos al pretenderse los guías morales de ambos partidos. Así es como la oposición pretende ganar terreno político electoral en un país que está harto de esta clase política tradicional y anquilosada que carece de creatividad para ganar adeptos. Mientras tanto, México sigue avanzando en el Mundial, demostrando futbol de nivel.









