En los últimos días nos hemos encontrado con gratas sorpresas derivadas de los resultados en la justa mundialista de la selección mexicana de futbol. Se nos ha llenado el pecho de orgullo, entusiasmo y expectativa. Bien por los jugadores, y bien por la afición nacional. Tal vez valdrá la pena tener en consideración que, en el otro extremo del festejo, hay una multitud que lamenta haber perdido.
Mientras que en las avenidas de las diferentes ciudades se balancean autos, se llenan a los asistentes con espuma y se elevan aficionados por los aires, en ese mismo espacio geográfico hay personas lamentando una derrota. Parecería obvio que quienes se lamentan son los jugadores del equipo contrario, sin embargo, los hay nacionales a quienes se les restringió el acceso a su propio palco del estadio por los acuerdos comerciales de quienes dirigen el mundial; hay también un empresario que le fue impuesta una mampara gigante frente a su negocio restándole tanto la visibilidad como el acceso; hay familias que tienen que tolerar la invasión de espacios públicos con un saldo de desperdicios sólidos y orgánicos poco deseables.
Y es que las expectativas son en extremo diversas. Algunos esperan que sus ingresos mejoren por la cantidad de personas que visitarán su establecimiento, otros más esperan que sus familias no sufran un abuso que se ampara en la incógnita con una muchedumbre desenfrenada, otros más sólo esperan que México llegue al quinto partido.
La máxima “La esperanza es lo último que muere” es igual de elocuente que “esto no se acaba hasta que se acaba”. La prudencia y aplicar el sentido de proporcionalidad resultan de gran ayuda al momento de fincar nuestras esperanzas. Y hasta cierto punto lo sabemos, sólo que nos gusta aplicarle un poco de ilusión con frases como “¿Y si sí?”. Y créanme, hoy más que nunca quiero creer en esa frase. Conseguir ese cliente no será fácil, y hay poca probabilidad de conseguirlo, pero ¿Y si sí? Parece lejana mi recuperación de la cirugía y veo poco avance con el régimen alimenticio, pero ¿Y si sí? Mi distancia con mi ser amado parece no tener reconciliación, pero ¿Y si sí?
Son tiempos muy duros. Son tiempos de una competencia poco leal, muy compleja y nada sencilla. Ordena tus ideas y prepárate con todos los datos antes de entrevistarte con el cliente; confía en el proceso y posterga la recompensa lo más posible para que tu cuerpo se recupere de esa intervención quirúrgica; actualiza tus valores y vive la transformación positiva que se refleje en una persona merecedora de afecto.
Mantener la ilusión es importante. El efecto Pigmalión no es fe a ciegas. Es trabajar sobre el sueño perfectamente definido y hacerlo de manera atemporal, con temas específicos para la brújula, no así para el reloj. Y es que moderar la expectativa tiene más que ver con la interpretación del fracaso que con la renuncia de los sueños. Cuando las cosas (por mucha planeación que haya tenido) no tienen el resultado deseado, no significa que nunca lo obtendremos. Sólo significa representa un intento con resultado subestándar, es decir, es un “aún no”.
Define el sueño, hazlo con calma, con conocimiento de lo que te apasiona, lo que haces bien y lo que te pueda dar grandes beneficios. Luego define un plan para acercarte a esa meta y ajusta los parámetros de las métricas que te acompañarán para interpretar los avances. Todo lo anterior con enfoque, entusiasmo, determinación y disciplina. Porque la esperanza no consiste en esperar que todo salga bien, sino en decidir que vale la pena seguir construyendo incluso cuando todavía no ha salido. Es importante mantener la esperanza debida









