Hay decisiones de gobierno que pueden esperar unos días, otras no pero existen algunas que por su trascendencia, exigen algo más que prisa exigen transparencia.
La posible creación de una nueva Ley del Sistema de Pensiones y Jubilaciones para Morelos pertenece a ese grupo. No se trata de una reforma cualquiera, estamos hablando del futuro de miles de trabajadores que durante décadas organizaron su vida bajo determinadas reglas, personas que aceptaron un empleo, hicieron aportaciones, solicitaron créditos, formaron una familia y planearon su retiro confiando en un marco jurídico que les daba certeza.
Es verdad que los sistemas de pensiones enfrentan enormes desafíos financieros, la población vive más años, el número de jubilados aumenta y los recursos públicos siempre son limitados negar esa realidad sería irresponsable. Pero igual de irresponsable sería pretender resolver un problema de esa magnitud mediante una reforma que pocos conocen y de la que muchos solo han escuchado rumores, la confianza también forma parte del Estado de derecho.
Cuando una reforma puede modificar las condiciones de retiro de miles de personas, la primera obligación del gobierno no es pedir respaldo político, es explicar con claridad qué pretende cambiar, por qué considera necesario hacerlo y cuáles serán sus efectos. La incertidumbre nunca ha sido buena consejera, si existen derechos adquiridos, deberán respetarse. Si la propuesta solo modifica reglas hacia el futuro habrá que explicarlo con absoluta precisión. Para eso sirven el debate público y el trabajo legislativo serio, no las versiones de pasillo.
Y aquí aparece otra responsabilidad, los diputados no fueron electos para cuidar su siguiente cargo. Fueron electos para cuidar los intereses de quienes los llevaron al Congreso,
es natural que cualquier político tenga aspiraciones. Lo preocupante sería que esas aspiraciones influyeran más que la responsabilidad de analizar una reforma que afectará la vida de miles de familias, la próxima candidatura llegará cuando tenga que llegar. El voto que emitan hoy permanecerá mucho más tiempo en la memoria de los ciudadanos.
Las grandes reformas no necesitan mayorías apresuradas, necesitan legitimidad y la legitimidad solo se construye con información, diálogo y argumentos.
Porque las pensiones no son un privilegio, son el resultado de toda una vida de trabajo y las reglas bajo las que miles de personas planearon su retiro no pueden escribirse en silencio.
#QuéCosa!









