Dicen que el que tiene el arma tiene el mundo.
Yo digo que el que tiene la razón tiene más:
tiene el tiempo de su lado,
tiene la historia,
y tiene ese momento exacto en que el otro
baja la cabeza y no puede decir nada.
Nosotros no matamos con plomo.
Matamos con una coma en el lugar preciso,
con el artículo que nadie leyó,
con la jurisprudencia que duerme en los tomos
y despierta cuando uno la necesita
como un cuchillo frío y brillante.
El que dispara creyó que era superior.
Era solamente un primitivo con pólvora.
El miedo fue su única filosofía,
la bala su único argumento.
Y con qué tristeza se muere el que no supo
que convencer es mucho más que vencer.
El abogado que conoce la Constitución como quien
conoce su propia casa de noche:
de memoria, con los ojos cerrados,
sin tropezar.
Ese conocimiento es mi fusil, mi escudo,
mi única violencia legítima.
Que vayan con sus balas.
Yo vengo con la ley, con el argumento,
con esta cosa rara y poderosa
que se llama tener la razón de mi lado. MASV














