Estados Unidos empezó una guerra, que hoy busca terminar con la esperanza de tener en algunos meses las condiciones que tenía antes de lanzar el primer misil, pero que argumenta haber ganado.
El pasado febrero, Estados Unidos, en coordinación con Israel, bombardeó un polémico Irán, que tan solo unas semanas atrás había prendido las alarmas internacionales al abrir fuego en contra de miles de manifestantes.
El ataque, motivado por Israel y ejecutado por Estados Unidos, fue la acción más grande y arriesgada que Washington tomó en contra de un país con el que ya mantenía una relación tensa.
Después de un intenso primer bombardeo, en el que fue asesinado el líder supremo, Trump sostuvo durante varios días, con arrogancia, que habría un cambio de régimen completo en Irán; aseguró que las fuerzas armadas podían rendirse o morir e incluso insinuó que la población podría levantarse en contra de su gobierno una vez que terminaran los bombardeos.
Irán llevó a cabo una ofensiva contra varios objetivos militares estadounidenses cerca de su frontera; sin embargo, el golpe estratégico fue el cierre del estrecho de Ormuz, por donde cruza un importante porcentaje del petróleo mundial, provocando de inmediato un alza en el precio de la gasolina y, por lo tanto, en el costo de prácticamente todo.
Cada día que esta guerra continuaba, un cambio de régimen parecía cada vez más impensable. El objetivo pasó de ser la sustitución del gobierno iraní a terminar el conflicto lo más pronto posible, utilizando el argumento de que las armas de destrucción masiva ya habían sido destruidas. El día de ayer, después de días de guerra, Donald Trump y el presidente del Parlamento de Irán firmaron y anunciaron un acuerdo de cese al fuego por 60 días.
Aunque sin duda representa un avance, al que no se había llegado antes, y ambos países lo presentan como el final de una guerra que aseguran haber ganado, en realidad apenas es el inicio de una negociación para intentar poner fin al conflicto en Medio Oriente.
Todos los detalles del cese al fuego aún no han sido compartidos. Se ha anunciado que el viernes ambas delegaciones se reunirán para confirmarlo e iniciar los trabajos hacia lo que han llamado una solución absoluta al conflicto.
Israel ha manifestado su descontento con el desenlace de esta guerra. Por su parte, Estados Unidos busca, al menos en el plano retórico, sostener que logró eliminar las armas de destrucción masiva y que Irán no podrá acceder a una de ellas; pero, en los hechos, también pretende reabrir finalmente el estrecho de Ormuz y normalizar nuevamente los precios del petróleo.
Alguna vez escribí, y hoy lo reitero: el gobierno de Trump es el gobierno de la nada. Porque, a pesar del enorme ruido que genera, no construye nada positivo para el futuro.
Es una tontería, que el gobierno de Estados Unidos hoy ceda para lograr un acuerdo de paz en una guerra que él mismo inició, con el ambicioso objetivo de regresar, simplemente, al escenario económico, político y militar previo al conflicto.














