Al gobierno de la 4T no le ha preocupado ni preocupa, en términos de movilización por lo que representa entre el grueso del magisterio del país, el activismo que la CNTE realiza cíclicamente cada año después del 15 de mayo. Al final, el sainete que los militantes de esa agrupación disidente del SNTE realiza, concluye casi siempre con una nula respuesta a sus demandas, pero sí con la obtención de privilegios y canonjías. Sin embargo, lo que sí debe preocuparle al gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum es ese sentimiento de frustración que la mayoría del magisterio del país que milita en el SNTE le guarda, al no poder cumplir y afirmar que la derogación de la Ley del ISSSTE del 2007 no es posible, esto a pesar de ser una promesa de su campaña que atrajo la simpatía, entonces, de los educadores del país.
La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) ha mantenido una tradición de movilización tras el Día del Maestro, buscando visibilizar demandas históricas como la mejora de condiciones laborales, la democratización sindical y el rechazo a reformas educativas que consideran lesivas. A pesar de ello, el gobierno federal ha mostrado una actitud de tolerancia, permitiendo protestas, pero sin responder de fondo a las exigencias, lo que genera una percepción de indiferencia hacia la problemática magisterial.
Por otro lado, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), el mayoritario, concentra la frustración de miles de docentes ante la imposibilidad de modificar la Ley del ISSSTE de 2007, la cual afecta derechos laborales y prestaciones. Esta ley ha sido motivo de inconformidad desde su promulgación, pues transformó el sistema de pensiones y jubilaciones, generando incertidumbre y descontento entre el magisterio. La promesa de derogarla fue un elemento clave en la campaña de Claudia Sheinbaum, lo que generó expectativas que, hasta el momento, no han sido satisfechas.
Si bien la CNTE logra negociar ciertos privilegios para sus miembros a través de la presión social, el grueso del magisterio sigue enfrentando una falta de respuesta estructural a sus demandas, especialmente aquellas relacionadas con el sistema de seguridad social y derechos laborales. El gobierno enfrenta el reto de atender el malestar de los docentes, que va más allá de la negociación política y requiere voluntad para revisar y reformar leyes que afectan directamente a los trabajadores de la educación.
Pero si la promesa de campaña atrajo el voto mayoritario del magisterio para las elecciones del 2018 y 2024, y con ese voto millones más tal vez atribuido a su liderazgo en las comunidades familiares y escolares, lo que debería considerar en serio el régimen de la 4T es el efecto contrario para las próximas elecciones, pues si hay algo que es una verdad invariable, es que esa frustración va a encontrar una salida muy pronto. Es decir, el desencanto no solo se mantiene, sino que se amplifica conforme pasan los años y las promesas quedan en el aire. El magisterio, lejos de ser un actor pasivo, tiene la capacidad de influir en el entorno social y político de manera profunda; su decepción puede traducirse en un giro electoral inesperado, afectando la base de apoyo de la administración actual.
La falta de avances en la derogación de la Ley del ISSSTE, la indiferencia ante las demandas laborales y el manejo superficial de las protestas docentes evidencian una desconexión entre el discurso oficial y la realidad cotidiana de los trabajadores de la educación. El gobierno de la 4T corre el riesgo de subestimar la fuerza y el descontento de este sector, que históricamente ha demostrado su capacidad de organización y movilización. Si la administración insiste en ignorar o minimizar el malestar, se enfrenta a la posibilidad de perder no solo votos, sino legitimidad ante uno de los grupos sociales más numerosos y cohesionados del país.
En síntesis, la frustración magisterial es una bomba de tiempo que puede explotar en cualquier proceso electoral, generando un impacto que trasciende el ámbito educativo y repercute en el tejido social. Las consecuencias de esta omisión pueden ser graves si no se atienden de fondo las demandas y se responde con acciones concretas, y no solo con privilegios selectivos o promesas incumplidas. El magisterio mexicano exige atención real, y su respuesta puede marcar el rumbo político nacional en los próximos años veremos…














