Nadie puede regatearle el régimen de la 4T los logros que en más de siete años se han alcanzado en el país y en el estado, y que en muchos se traducen en mejoras para la sociedad y para muchos grupos vulnerables. Las políticas públicas implementadas por los gobiernos local y nacional resultan en un alivio que por décadas no se dio para a los grandes desafíos y problemas económicos, sociales y políticos, sin embargo, decir que el país ha cambiado y galopa hacia el desarrollo y la prosperidad es aún prematuro, sobre todo porque en muchos ámbitos del gobierno y de la sociedad, la violencia, la corrupción y muchos otros conflictos, mantienen anclado al país en un subdesarrollo que impide dar el gran salto hacia una verdad transformación.
Cierto es que la Cuarta Transformación ha marcado un periodo de cambios significativos en la vida política y social de México, tanto a nivel nacional como estatal. Desde su inicio, el régimen ha buscado redefinir las prioridades del gobierno, enfocándose en la justicia social, la reducción de desigualdades y la atención a grupos vulnerables. Así, por ejemplo, nadie puede refutar que, entre otros, haya avances notorios como la ampliación de programas sociales, las becas para jóvenes, pensiones para adultos mayores y apoyos a personas con discapacidad. Estas políticas públicas han representado un alivio para sectores históricamente marginados, contribuyendo a mejorar su calidad de vida y brindando acceso a derechos que anteriormente eran limitados o inexistentes.
Además, la 4T ha impulsado reformas en materia educativa, de salud y laboral, buscando democratizar el acceso y fortalecer la inclusión. Por ejemplo, el aumento del salario mínimo y la implementación de estrategias para combatir la pobreza han sido reconocidos por organismos nacionales e internacionales como pasos importantes hacia la justicia social. En el ámbito estatal, se han visto mejoras en infraestructura, servicios básicos y atención a comunidades rurales.
Sin embargo, afirmar que el país ha cambiado radicalmente y avanza hacia el desarrollo y la prosperidad resulta prematuro. Persisten retos estructurales que limitan el alcance de la transformación. La violencia sigue siendo uno de los principales problemas, afectando la seguridad y el bienestar de la población en muchas regiones. El crimen organizado y los altos índices de homicidios continúan representando una amenaza constante, a pesar de los esfuerzos gubernamentales para combatirlos.
La corrupción, otro de los grandes males históricos de México, no ha sido erradicada. Si bien se han implementado mecanismos para aumentar la transparencia y la rendición de cuentas, existen casos notorios y denuncias que muestran la dificultad de transformar profundamente las estructuras institucionales. Además, conflictos políticos y sociales, así como la polarización en diversos sectores, mantienen al país en un estado de subdesarrollo que impide dar el gran salto hacia una verdadera transformación.
El balance de la 4T muestra avances concretos en materia social y de políticas públicas, especialmente en la atención a grupos vulnerables, pero también evidencia que los desafíos estructurales persisten y requieren soluciones de largo plazo. Es necesario reconocer los logros sin dejar de señalar las áreas donde el régimen aún presenta grandes limitaciones. Por ejemplo, el incremento en la cobertura de programas sociales es positivo, pero la falta de resultados contundentes en seguridad y corrupción evidencia que la transformación es parcial y aún insuficiente para consolidar un desarrollo sostenible.
La imparcialidad exige valorar tanto los aciertos como los errores: los avances sociales son innegables, pero los problemas estructurales siguen anclando al país en una realidad compleja y desafiante. El camino hacia la prosperidad requiere no solo de voluntad política, sino de estrategias integrales y de largo plazo que aborden las raíces de los conflictos.
En suma, la 4T ha generado cambios importantes y beneficios palpables para sectores vulnerables, pero la transformación prometida aún está lejos de consolidarse plenamente. El reto principal radica en superar la violencia, la corrupción y los conflictos estructurales que impiden el desarrollo nacional. Un análisis crítico e imparcial permite entender que el camino hacia una verdadera transformación es complejo y requiere de esfuerzos sostenidos, innovación en políticas públicas y un compromiso genuino para lograr una sociedad más justa y próspera.
Además, hoy la relación compleja con el vecino país del norte y la política que ha decidía emprender la 4T representa uno de los mayores desafíos en el futuro inmediato y de su trato dependerá la estabilidad del país. Lidiar con el país más poderoso del mundo y con sus políticas radicales, resulta un asunto que debe tratarse con pinzas y con inteligencia, veremos…









