La contienda electoral avanza de manera soterrada en Morelos y las fichas de las diferentes expresiones partidistas comienzan a moverse para ir posicionándose en el ánimo electoral. En la medida en que se acerca el 2027, el proceso irá cobrando mayor intensidad en todas las fuerzas políticas.
Al día de hoy, Morena conserva la mayor aceptación en el estado, aunque ese predominio ya no se traduce en hegemonía. Desde 2018, Morena comenzó a consolidarse como el partido predominante en el país: ganó la Presidencia de la República, obtuvo un número importante de diputaciones federales y, en coalición, alcanzó la mayoría absoluta. En 2024, nuevamente la fuerza de Morena se demostró en México, se gana otra vez la presidencia nacional y, con la coalición, la mayoría absoluta en el Congreso de la Unión, un poder importante para generar cambios estructurales en la nación.
En Morelos, las cosas fueron distintas, pues la estrategia no fue la más acertada, como lo demuestra el resultado, particularmente en los municipios. Mientras se gana la gubernatura y las diputaciones locales, alcanzando la mayoría relativa, aunque no la absoluta, la mayor parte de los ayuntamientos se perdieron. Si bien se puede argumentar que la derrota obedeció a los votos que la coalición aportó a la oposición y a que Morena compitió en solitario, el resultado final fue adverso.
Al día de hoy, según los sondeos de algunas encuestadoras importantes, Morena mantiene la mayor intención de voto en el estado, con el 37%; sin embargo, la segunda fuerza política con mayor intención de voto es el PAN, con 24%, mientras que el PRI aparece muy abajo, con apenas 9%, lo que pareciera dejarlo fuera de la contienda real. El escenario muestra a Morena posicionado con mayor intención de voto, pero frente a una oposición que no se encuentra muy lejos y que, definitivamente, tiene posibilidades reales de reponerse y colocarse por delante.
Así como están las cosas actualmente en Morena, el partido debería tener claridad sobre lo que necesita hacer para, cuando menos, aprobar con un 8 el examen de 2027 y proyectar un mejor resultado al 2030. Desde mi particular punto de vista, existen tres premisas fundamentales que Morena debe impulsar para obtener resultados favorables en el próximo proceso electoral. La primera consiste en postular candidatos con identidad política e ideológica, esta condición evitará posibles rupturas internas. La segunda pasa justamente por preservar la unidad del movimiento, mientras que la tercera radica en procesar las alianzas con los partidos políticos aliados, como el PT y el Partido Verde. Cumplir con estas tres condiciones para este próximo 2027 facilitaría enormemente la posibilidad de un triunfo electoral, sobre todo en la zona conurbada. Por el contrario, un escenario de ruptura derivado de decisiones equivocadas incrementaría la posibilidad de que la oposición se levante con el triunfo en los municipios de mayor trascendencia electoral. Aunque la alianza opositora ya no es posible debido a sus propias ambiciones, si están articulados internamente y eso los fortalece, cuando menos el PAN se nota disciplinado y enfocado en el 2027; mientras que el PRI, aunque parece que está agonizando, pudiera recuperar un poco de aliento si Morena equivoca el camino.
En conclusión, para que Morena pueda mantener y consolidar un proyecto de trasformación estatal, es necesario que priorice la línea política e ideológica hacia la izquierda. Es entendible que en el proceso de toma de poder se haya tenido la necesidad de hacer alianza hasta con el diablo, pero esa etapa parece haber quedado atrás. Hoy el reto consiste en consolidar un proyecto popular con los cuadros adecuados para ese fin, ya no se puede permitir que perfiles distintos sigan permeando en las candidaturas y que al final la Transformación sea percibida únicamente como un discurso, y no como una realidad. La unidad de Morena es indispensable para consolidar el triunfo; sin embargo, dicha unidad debe ser sobre una congruencia política e ideológica al interior del partido. De lo contrario, el mensaje que se enviaría es el de un proyecto reducido al pragmatismo electoral, sin tomar en cuenta lo que verdaderamente necesita el estado para superar el rezago en el que se encuentra.














