La relación entre el derecho y la tecnología está en constante armonización, un ejemplo de ello es el juicio de amparo el cual comienza a reconfigurarse frente al avance de herramientas digitales impulsadas por el Consejo de la Judicatura Federal.
Esta digitalización va más allá de una nueva modalidad de trabajo a través de expedientes electrónicos o la posibilidad de promover demandas en línea, lo cual implica un proceso de incorporación tecnológica a un sistema que tradicionalmente ha operado bajo procedimientos físicos.
De esta manera el amparo comienza a interactuar con elementos que le eran ajenos como es el caso de las plataformas digitales y firmas electrónicas y a pesar de que estas herramientas no sustituyen al derecho, lo facilitan y al mismo tiempo, lo condicionan dado que la justicia ya no se desenvuelve exclusivamente en expedientes físicos, lo que supone un nuevo cambio al trasladarse a un entorno tecnológico.
Lo que no necesariamente implica un conflicto entre la tecnología y el ámbito del derecho, pero si plantea nuevos ajustes debido a que el lenguaje jurídico debe adaptarse a formatos digitales.
Sin embargo, la incorporación de estos medios aún se encuentra adoptándose a las herramientas digitales mientras conserva estructuras tradicionales teniendo como resultado un modelo híbrido en el que coexisten prácticas del pasado con el entorno digital.
Ante todo esto, lo destacable no es solo la relevancia de este proceso para la incorporación de tecnología, sino la manera en que esta redefine la relación entre las personas y la justicia pues el acceso al amparo ya no depende exclusivamente de la cercanía física a un órgano jurisdiccional, sino también de la capacidad de interactuar con sistemas digitales.














