Se dice que lo más importante en el viaje no es el destino, sino el trayecto. Es por ello que no es tan importante el trayecto como el copiloto. La persona que elijas para ese trayecto influirá poderosamente en la creación de la experiencia tanto en el viaje como en el destino.
En ocasiones tendremos a alguno que sea entusiasta, divertido, pero que sepa muy poco de solucionar situaciones o problemas. Algunas otras tendremos personas muy aplicadas concentradas en cumplir los objetivos, siendo de mucho valor para mantener el enfoque. Algunas más serán aventureras y nos alentarán a explorar diferentes opciones de terreno.
Prudente será establecer que tipo de experiencia es la que se espera para identificar a la persona ideal. ¡Claro! Estamos asumiendo que tenemos una persona para cada ocasión. Bendecidos quienes han formado una red de apoyo que pudiera estar disponible en cada ocasión particular.
Y en este orden de ideas es importante voltear a ver a esa formación de tribus. Es necesario mantener un grupo de personas que compartan los mismos intereses y que actúen en consecuencia. Todos tenemos un grupo de amistades con quienes disfrutamos una tarde de comidas y bebidas, unas inocuas otras no tanto, pero que al darnos la media vuelta desmenuzan nuestra conducta y le asignan a discreción juicios de valor soportados en apreciaciones superficiales que nada tienen que ver con la narrativa de gozo con la cual nos recibieron. Del mismo modo hay grupos de amistades que nos podemos encontrar fortuitamente mientras caminamos por la calle o en algún restaurante donde ellos ya estaban presentes y nos da un placer enorme saludarlos, aunque sea dos minutos. Nos llenamos de su energía, de los buenos recuerdos, de la sensación de dicha por haber intercambiado sonrisas.
Cada vez valoramos menos la presencia. Hemos privilegiado la conexión sin contacto, sin careo, sin abrazo. Los aparatos como ordenadores, teléfonos y otros dispositivos nos hacen sentir esa ilusión de cercanía. Y esa es la parte más peligrosa. Hemos llegado a “comprender” que lo importante es vernos a la cara (aunque sea a través de una cámara). No hemos considerado los beneficios del contacto, de la vista frente a frente, de la taza de café compartida, de la carcajada a la que no le puedes poner “mute”, de la mano en el hombro cuando se comparte un sentimiento, de estrechar la mano de quien acaba de hacerte el día con su tiempo y su empatía.
Cultivar amistades es una habilidad social avanzada. Necesitamos rodearnos no sólo de las personas que nos agradan. También necesitamos estar cerca de las personas a quienes nosotros les agradamos porque eso significa hacernos responsable de las expectativas que hemos generado a través de las interacciones sociales.
El aislamiento el día de hoy, tiene varios esquemas y diferentes matices. Hemos ensalzado la comodidad del home office por sus beneficios en la ubicuidad, y dejamos de lado la convivencia. Hemos celebrado las reuniones grupales en whatsapp que nos conectan con diferentes ciudades, pero lo hemos normalizado tanto que aún con vecinos y familiares de la misma ciudad, preferimos la comodidad a la congregación.
Me encantan las ventajas que nos ha traído la tecnología y el avance en las comunicaciones. Es sólo que al final, es sólo un medio. Somos nosotros quienes hacemos efectiva esa comunicación. Cuidado con esas largas conversaciones que están llenas de paja y poca esencia. Seamos mesurados en el uso de simbolismos como stickers, íconos y hasta memes porque no siempre son bien entendidos y por consiguiente tampoco son bien recibidos.
La segregación por diferencias de pensamiento, color, inclinaciones ideológicas o algún tipo de discapacidad, suele ser tan común que incluso entre familias hay separaciones e incluso dejan de hablarse. También hay personas que precisamente por tener diferencias es que aprecian su compañía ya que siempre hay alguien que “no tiene pelos en la lengua”, no le gusta hablar mal de nadie, dice la verdad, aunque eso implique que se burlen de ella o de él.
Hagamos un esfuerzo por llamar a ese amigo, a esa amiga a quien hace ya rato no frecuentas. Llámale a tus familiares aunque tú no los hayas escogido. Responde los mensajes de personas que se tomaron el tiempo de escribirte o mandarte una imagen que dice “re enviado muchas veces” pues estaba pensando en ti cuando lo envió. Busca en tu corazón y localiza a esa persona que estuvo cerca de ti en momentos importantes, agradece, se recíproco. Hagamos un reconocimiento a quienes nos han brindado su tiempo, su espacio, su amistad. Encontremos a esos copilotos para los distintos trayectos. Hagamos un tributo a las tribus.









