Vivimos en una época donde la sentencia llega antes que los hechos, no hay investigación ni contexto. Hay video, reacción y veredicto. Inmediato.
Las redes sociales han convertido a cualquiera en juez. Pero sin reglas, sin responsabilidad y sin consecuencias. Basta un video para desatar una tormenta, hace unos días comenzó a circular uno. En él, una mujer desciende por una resbaladilla dentro de un área infantil en un centro comercial, lleva a su bebé en brazos, al bajar su pie se atora y sufre una fractura.
Ese es el hecho, lo demás fue opinión y la opinión, hoy pesa más que los hechos.
En cuestión de horas, la conversación dejó de centrarse en el accidente. Se volvió un juicio público, se cuestionó su peso, su decisión de subir al juego, su sentido común. Se habló de reglamentos pegados en la pared como si eso resolviera todo.
Pero casi nadie se detuvo en lo esencial. Si el juego era seguro, si cumplía condiciones adecuadas, si existía responsabilidad del prestador del servicio.
No es un caso aislado, hace poco en medio de un conflicto por la posesión de una vivienda, una mujer abrió fuego contra personas que se encontraban en el inmueble. El hecho se volvió viral, hubo videos, versiones encontradas y una discusión inmediata.
Muchos tomaron postura sin matices.
Para algunos, actuó en defensa de su propiedad, para otros fue un acto injustificable.
Pero la discusión rara vez entró al terreno correcto. Qué dice la ley sobre la posesión, qué implica el uso de la fuerza, dónde termina la legítima defensa y dónde comienza la responsabilidad penal.
Cada quien opinó desde su intuición. Como si eso fuera suficiente para tener la razón.
El problema no es la velocidad, es la falta de criterio.Se reacciona antes de entender, se condena antes de probar y cuando alguien intenta poner contexto, se vuelve sospechoso. Como si pensar estorbara, las redes opinan el derecho resuelve.
La justicia no es espectáculo, no es tendencia no se mide en likes. Requiere tiempo, pruebas y juicio.
Nada de eso cabe en un video de treinta segundos.
En cualquier sistema serio, la presunción de inocencia es la base, la carga de la prueba corresponde a quien acusa el debido proceso no es burocracia, es garantía.
Cuando la indignación sustituye al análisis, dejamos de buscar verdad, solo buscamos castigo. Y castigar sin entender no es justicia.
Es otra forma de equivocarse.
Al final, el riesgo es claro, creer que opinar basta para condenar.
Porque cuando la opinión sustituye al derecho, la justicia deja de ser justicia.
Se vuelve espectáculo.
Y en ese escenario, cualquiera puede ser el siguiente.
#QuéCosa!














