De la protección y cuidado del medio ambiente, particularmente en las vastas zonas de reserva que incluso por decreto son vedadas para toda actividad humana en Morelos, las autoridades federales, estatales y municipales, no tienen control, por lo que la devastación y el ecocidio que representan es progresivo y nunca tanto como durante las dos últimas décadas.
Y es que el deterioro ambiental en las zonas de reserva ecológica de Morelos ha sido alarmante y demuestra la ineficiencia, indiferencia y falta de voluntad de las autoridades federales, estatales y municipales. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), entre 2006 y 2026, Morelos perdió más de 12% de su superficie forestal protegida, equivalente a miles de hectáreas, principalmente por invasión, cambio de uso de suelo y actividades ilegales como la tala clandestina y el crecimiento urbano. Además, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP) ha reportado que, en reservas como el Tepozteco y la Sierra de Huautla, la biodiversidad ha disminuido hasta en un 30% en especies clave, afectando gravemente el equilibrio ecológico.
A pesar de que existen decretos que prohíben toda actividad humana en estas zonas, la realidad es que la vigilancia es prácticamente nula. Los delitos ambientales han aumentado: de acuerdo con la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA), las denuncias por ecocidio y devastación aumentaron más del 60% entre 2010 y 2025, pero solo una mínima parte culminó en sanciones efectivas. Es indignante que la devastación sea progresiva y que, lejos de frenarse, se haya intensificado en los últimos veinte años.
Pero ¿por qué el problema no logra ser atendido por las autoridades y qué debe hacer en lo inmediato y a mediando plazo? De acuerdo a los expertos, la razón se debe a una combinación de factores estructurales y sociales. En primer lugar, la ineficiencia administrativa y la falta de voluntad política han impedido la implementación de mecanismos de vigilancia y protección adecuados. El contexto revela que, aunque existen decretos que prohíben toda actividad humana en estas áreas, la vigilancia es prácticamente inexistente, lo que permite la proliferación de actividades ilegales como la tala clandestina y el cambio de uso de suelo, así como el crecimiento urbano descontrolado.
Otro aspecto crucial es la indiferencia y la corrupción institucional. El abandono por parte de las autoridades federales, estatales y municipales ha convertido las reservas en “territorios de nadie”, donde el ecocidio se perpetúa sin consecuencias reales, ya que las denuncias por devastación ambiental rara vez culminan en sanciones efectivas. Además, la falta de coordinación entre los distintos niveles de gobierno y la ausencia de recursos para la vigilancia y restauración agravan el problema.
Para atender el problema de manera inmediata, las autoridades deben reforzar la vigilancia en las zonas de reserva, asignando recursos suficientes y personal capacitado para detectar y prevenir actividades ilegales. Es indispensable establecer mecanismos de rendición de cuentas y transparencia para asegurar que las denuncias ambientales sean atendidas y sancionadas, evitando la impunidad. Asimismo, se deben promover campañas de concientización y educación ambiental dirigidas a las comunidades locales para involucrarlas en la protección de los ecosistemas.
A mediano plazo, es fundamental reformar el marco legal para endurecer las sanciones contra quienes atenten contra el patrimonio natural, así como fortalecer la coordinación interinstitucional entre los diferentes órdenes de gobierno. También se debe invertir en proyectos de restauración ecológica y en el desarrollo de alternativas económicas sostenibles para las comunidades, reduciendo la presión sobre las reservas. Solo con acciones contundentes, transparentes y participativas será posible revertir el deterioro y garantizar que las futuras generaciones puedan disfrutar y preservar el legado natural de Morelos.
Así pues, el abandono institucional y la corrupción han convertido estas reservas en territorios de nadie, donde el ecocidio se perpetúa impunemente. Urge una intervención real, con acciones contundentes y transparentes, para salvar lo poco que queda del patrimonio natural de Morelos, porque de continuar así, las futuras generaciones solo conocerán estos ecosistemas a través de fotografías y relatos de un pasado que las autoridades permitieron desaparecer, a ver…














