En México una menor de edad murió tras someterse a una cirugía estética.
No es un dato más, es un punto de quiebre.
A partir de ese caso comenzó a discutirse lo que se ha llamado “Ley Nicole”. No es una ley federal, es un esfuerzo que surge desde lo local para poner orden en un terreno donde hoy hay más oferta que regulación.
Y el punto es claro.
Hoy, en México un menor puede someterse a una cirugía estética con el consentimiento de sus padres o tutores. En muchos casos eso ha sido suficiente.
La pregunta es si debería serlo.
Porque lo que se está planteando ahora no es pedir más firmas. Es poner un límite. Incluso con autorización de los padres, ciertas cirugías simplemente no deberían realizarse cuando no existe una necesidad médica.
Ahí cambia todo.
La cirugía estética dejó de ser un tema exclusivo de adultos. Hoy también alcanza a adolescentes que presionados por estándares irreales y una exposición constante en redes sociales, buscan cambiar su cuerpo antes de terminar de entenderlo.
Más acceso,
Más presión,
Menos reflexión.
Ese es el contexto.
Por eso no se trata de satanizar la medicina, hay intervenciones necesarias, reconstructivas, justificadas. Pero lo estético en menores, entra en otra lógica.
Un menor no decide igual.
No dimensiona igual,
no enfrenta las consecuencias igual.
Y aunque los padres autoricen, la pregunta sigue siendo incómoda, pero necesaria.
¿Debe permitirse?
Porque no todo lo que incomoda, necesita corregirse.
Y no todo lo que se puede hacer, se debe hacer.
La ley puede establecer límites. Y en este caso parece que llega tarde, pero llega con sentido.
Y cuando desde lo local se decide abrir este tipo de discusiones, vale la pena reconocerlo. No por quien lo impulsa, sino por el fondo. Porque atender un problema antes de que se repita, siempre será mejor que explicarlo después.
El verdadero reto es otro.
Entender que hay decisiones que no deberían adelantarse.
Y esa, muchas veces es la más difícil de asumir.
#QuéCosa!














