Otra vez marzo. Otra vez los aparadores teñidos de morado. Otra vez las marcas subiendo frases empoderadas con tipografía bonita mientras ofrecen “descuentos con causa”. Otra vez los gobiernos pronunciando discursos que suenan a compromiso y saben a trámite.
Y nosotras… otra vez contando a las que faltan.
Sí, vamos a volver a salir, vamos a volver a pintar y a volver a gritar. Y si hace falta, vamos a romperlo todo.
Porque en este país siguen faltando mujeres, siguen desapareciendo estudiantes en Morelos y la respuesta institucional es lenta, tibia, burocrática. Porque en este país una niña aprende antes a tener miedo que a tener derechos. Porque en este país ser mujer sigue siendo una condición de riesgo.
Nos dicen que exageramos.Que por favor no pintemos monumentos.
Pero lo que no entienden es que el monumento ya estaba roto desde antes. Roto cuando una madre pega la foto de su hija en una pared, cuando una carpeta de investigación se archiva, cuando la estadística sustituye el nombre propio.
La lucha feminista no es una tendencia de temporada. No es solo una playera morada ni un hashtag con filtro. No es una campaña de marketing que caduca el 31 de marzo. Es una exigencia histórica que incomoda porque revela lo que muchos prefieren no mirar: que el Estado ha sido insuficiente, que la justicia llega tarde o incluso no llega; y que la seguridad para nosotras sigue siendo un privilegio, no una garantía.
Cada día es más inseguro caminar solas. Cada día es más inseguro volver a casa. Y lo más doloroso: a veces, ni siquiera nuestra propia casa es un lugar seguro.
Así que sí, vamos a salir.
Vamos a marchar aunque nos llamen violentas, a gritar aunque nos digan escandalosas, a pintar aunque prometan limpiar.
Porque lo que exigimos no es un favor. Exigimos poder vivir. Y no vamos a pedir permiso para exigirlo.
Nos quieren tranquilas, agradecidas, pacientes. Pero no entienden que estamos cansadas, de esperar justicia,de enterrar amigas, de que nos digan que el cambio es gradual mientras el peligro es inmediato.
No salimos por moda. Salimos por memoria y por rabia. Salimos por amor a las que están y a las que ya no pueden salir.
Hasta que no falte ninguna. Hasta que no tengamos que mandar “avísame cuando llegues”.
Hasta que todas —todas— estemos seguras. Al menos en México.
Y si eso incomoda, que incomode. Más incómodo es el silencio.














