En Morelos nos gusta hablar de paz como si fuera un destino turístico: todos la mencionan, pocos la visitan.
La Primera Sesión Ordinaria del Consejo de Paz y Atención a las Causas se llevó a cabo en Cuernavaca con una convocatoria que, en el papel, parecía promesa: sentar a los 36 municipios en una misma mesa para hablar de lo que más nos duele. Violencia, consumo, focos rojos, tejido social roto. Nada menor.
Pero la realidad volvió a imponerse con la crudeza de los números: solo cinco alcaldes acudieron al llamado.
En un estado donde la palabra “seguridad” no es un concepto abstracto sino una conversación cotidiana en la mesa, en la combi, en el chat de vecinos, la ausencia pesa más que cualquier discurso. Porque cuando la silla está vacía, el mensaje también lo está.
Y sin embargo hubo quienes sí entendieron que estar presentes no es un gesto protocolario sino una declaración política.
Entre ellos, el alcalde de Jiutepec, Eder Rodríguez, cuya asistencia no puede pasar desapercibida. En tiempos donde lo urgente suele comerse a lo importante, acudir a un Consejo que habla de causas y no solo de consecuencias es asumir que la paz no se construye con boletines, sino con coordinación.
Jiutepec no es ajeno a los retos metropolitanos. Comparte dinámicas, tensiones y desafíos con la zona conurbada de Cuernavaca. Por eso, la presencia de su alcalde no es un dato menor: es el reconocimiento de que la seguridad no se resuelve en solitario ni se administra desde la comodidad de la agenda propia.
El Consejo de Paz no debería ser un evento más en el calendario institucional. Debería ser el punto de partida de una conversación incómoda pero necesaria: ¿están nuestros municipios dispuestos a coordinarse más allá de los colores partidistas? ¿A reconocer que la violencia tiene raíces sociales que requieren algo más que patrullas?
La política local suele moverse entre la inmediatez y la sobrevivencia. Pero hay momentos que revelan prioridades. Y asistir o no, también es una forma de votar.
Morelos necesita menos sillas vacías y más voluntad política. Necesita alcaldes que entiendan que la paz no se decreta, se trabaja. Que atender las causas implica invertir tiempo, capital político y disposición para el diálogo.
Hoy, vale la pena señalar lo que faltó. Pero también reconocer lo que estuvo. Porque construir paz no es un eslogan. Es una decisión y eso empieza por llegar a una mesa.














