A propósito de la propuesta de un amigo a debatir ideas para fortalecer el pensamiento, me parece necesario hacer algunas precisiones al respecto.
El debate es un intercambio de ideas de dos o más personas que tienen puntos de vista diferentes sobre un mismo tema y, al intercambiar ideas, tratan de convencerse a sí mismos y a otro grupo de personas de las razones para mantener ciertas posturas. Generalmente, en las elecciones democráticas se acostumbra a hacer debatir a los candidatos para que el electorado tenga una mejor referencia sobre por quién debe emitir su voto y el tema en este tipo de debates es en torno a propuestas de gobierno impregnadas de un sentido ideológico, aunque últimamente la política es más pragmática que ideológica.
Hago esta reflexión porque cuando se propone un debate lo primero es plantear sobre qué tema es el debate. De esta manera podrá permitir que quienes intervengan en este ejercicio puedan fortalecer sus argumentos antes del mismo, investigando más sobre el tema, buscando bibliografía, explorando en revistas o en Internet para tener mayor capacidad deliberativa y con ello mejorar su capacidad de convencimiento.
Por supuesto que un debate ayuda a fortalecer el pensamiento crítico, a partir de ese intercambio de ideas de diversas posturas, pero tiene necesariamente que contar con ciertas características que permitan hacer que el mismo sea fluido, respetuoso y sin necesariamente un ganador; por ello, generalmente se busca tener un moderador que conduzca el debate, dé el uso de la palabra e intervenga cuando sea necesario para mediar entre los participantes.
Así pues, un debate puede ser enriquecedor si se planea bien, pero también puede ser frustrante si no se tiene el cuidado de determinar reglas claras para que el intercambio de ideas sea enriquecedor y sirva para abonar a tener una mejor perspectiva del tema que se aborda.
Y por último y fundamental es el tema ideológico, sobre todo en el debate político o social. La ideología define formas de pensamiento y de acción en cualquier sociedad. No es el debate el que va a determinar la ideología que tienes. Es en el debate donde vas a argumentar a partir de los elementos ideológicos con los que te has formado a través de tu vida académica y de la experiencia que vas adquiriendo en torno a tus actividades cotidianas. Sobre todo, en la actualidad a partir de algunos personajes que se empeñan en desacreditar la ideología e intentan confundir con el argumento de que la ideología no es relevante en un mundo globalizado.
También es importante comentar que un debate no necesariamente tiene que ser presencial, hay debate epistolar, en las redes sociales, etc. El espacio deliberativo no se circunscribe solamente a un espacio físico, sino que éste es rebasado de mil formas. Varias veces he entablado debates a partir de esta propia columna con colegas que tienen una perspectiva distinta de algún tema en particular, ignoro cuántas personas lean una y otra columna, pero al final es una manera de plantear un mismo tema desde un punto de vista diferente.
En conclusión, debatir es importante, pero para hacerlo hay que tener conocimiento del tema que se pretende abordar. El debate enriquece el pensamiento, pero no es el inicio del mismo, porque no puedes debatir sobre algo que no sabes, eso sería un “debate falso”, si es que se le puede llamar debate. Convocar a un debate requiere ponerse al frente y buscar las herramientas para que éste rinda los frutos esperados y no se convierta en un espectáculo para saciar el morbo de alguien, sin que se aporte algo que sirva, cuando menos, a los ponentes.














