A pesar de que admiramos a los héroes y aplaudimos a un pueblo que se levantó ante un gobierno opresor, los mexicanos le tenemos miedo a una Revolución, pues quien la vivió puede dar testimonio que el heroico momento que hoy vemos, fue también uno muy violento y terrorífico que derramó mucha sangre y sembró mucho miedo.
Ese miedo a la Revolución, nos ha llevado a justificar muchos actos de opresión en nombre del orden y la gobernabilidad, que solo el que conoce la guerra puede preferir a la libertad.
Y así como le tenemos miedo a la Revolución, le tenemos miedo a la Reelección, pues fueron los más de 30 años de gobierno de Porfirio Díaz los que nos llevaron a un levantamiento armado.
Me parece sano, ni siquiera considerar que un Presidente pueda perpetuarse en el poder por más del tiempo establecido en la Constitución; sin embargo, durante esta legislatura fue discutida y aprobada una Reforma Constitucional que no permite la Reelección inmediata en cargos legislativos, lo cual, aunque suene paradójico, creo que puede atentar contra la Democracia.
El Legislativo, al reformar la ley y la Constitución, crea la realidad en la cual el gobierno puede existir; cada palabra que se agrega o elimina, representa la apertura de un nuevo camino por el que México ande. Si hoy, pensamos las leyes como poesía que hablan de manera utópica, pero que no aplica en nuestra realidad, se debe a que en algún momento del camino se perdió la habilidad para estudiar y evaluar la implementación de estas normas.
El problema, es que regresar al camino en donde la ley impacta en la ciudadanía, requiere de legisladores altamente preparados en técnica y evaluación, no solamente de hábiles políticos.
Esto es imposible en la configuración actual, en la que si bien existen algunos hábiles legisladores —que normalmente coordinan las bancadas— la mayoría de los curules son asignados como un premio a la lealtad partidista.
Nuestros legisladores usan su puesto como una plataforma política y como si se tratara de un presidente municipal, justifican su salario presentando decenas de iniciativas superficiales que ni siquiera son aprobadas; en lugar de hacerse responsables de un profundo análisis de leyes que verdaderamente sean útiles.
Para combatir este estilo de legisladores, una alternativa puede ser la carrera legislativa; es decir, entendiendo que la reelección puede ser democrática pues es una forma de apoyar a quien ha hecho un buen trabajo, diputados y senadores que así como ocurre en nuestro vecino del norte, podrían ocupar el puesto incluso por varias décadas —claro, sometiéndose a elecciones como existen actualmente—.
La carrera legislativa, nos permitirá tener representantes que conozcan el trabajo y lo hagan con maestría, pero, para que funcione debe existir una enorme participación y responsabilidad ciudadana, en la cual el voto pensado de la ciudadanía permita a buenos senadores y diputados conservar su curul y no permita a caciques perpetuarse en el poder.
El camino de la carrera legislativa que se vale de la Reelección, es uno largo y complicado, pero creo que limitar un solo periodo para los legisladores es evitar el problema y dar un paso en la dirección equivocada.














