La situación de Morena de cara al proceso electoral que se avecina es complicada. Aun cuando las preferencias electorales dicen que Morena se mantiene con una alta intención de voto, esto no puede ser motivo de confianza, sino al contrario.
Falta más de un año para que se lleven a cabo las elecciones, pero todo aquel que tiene interés por participar ya está haciendo su mejor esfuerzo por darse a conocer o intentar permear entre los ciudadanos para lograr ser reconocido. La realidad es que hay escasos precandidatos con verdaderas posibilidades de ser candidatos, sobre todo en las ciudades más importantes del estado. Al parecer hay escasez de cuadros en la izquierda, sobre todo cuadros con eficiencia electoral capaces de hacer frente a la estrategia de la coalición de derecha que encabeza Acción Nacional.
La referencia inmediata es 2024, cuando Morena y su coalición ganó la elección estatal, pero no así los municipios donde perdió en la mayoría, aunque vale la pena comentar que el hecho de no ir coaligados en los ayuntamientos provocó esa debacle. Explico: en Cuernavaca, Jiutepec, Cuautla, Temixco, entre otros municipios, Morena como partido ganó, tan es así que es el partido que más regidores integró en los cabildos; sin embargo, las presidencias las perdió porque la votación la ganó la coalición opositora debido a la sumatoria de los partidos coaligados y la determinación de Morena de ir solo a la elección. En conclusión: el partido mayoritario es Morena porque tuvo el voto mayoritario en los municipios con mayor densidad poblacional en el estado, pero al final perdió porque a la oposición se sumaron varios partidos y con ellos lograron que sus candidatos a la presidencia ocuparan la silla presidencial, aun cuando Morena ganó. Así es la democracia.
El próximo proceso electoral tiene la característica de ser un proceso intermedio, donde la participación ciudadana disminuye de manera natural y, por tanto, el peso de las votaciones se sostiene sobre las estructuras de los partidos, por esa misma razón, entonces quien tiene una mejor estructura tiene mayor posibilidad de triunfo sobre aquellos que no la tienen.
Pero aun cuando Morena pudiera parecer el partido que cuenta con dicha estructura, no deben confiarse en ello. Pareciera que dicha estructura se tiene, pero la realidad es que en mucho dicha estructura es ficticia, porque quienes se han encargado de estructurarla han recurrido a viejas prácticas priistas que en nada abonan a consolidar una estructura real, con compromiso social y que verdaderamente sea capaz de ir a una elección, sin alguna condición para acudir a la urna a depositar su voto.
Es aquí donde entra un factor fundamental para poder aspirar a tener el mayor número de distritos y municipios en esta elección intermedia, la posibilidad de coaligarse con algunos partidos políticos afines al proyecto de la Transformación. Los partidos que hoy conforman dicho bloque, el PVEM y el PT serían los que de manera natural deberían estar en esa coalición para enfrentar este próximo 2027. Y después otros partidos locales que, sin duda, tienen interés en ir juntos con Morena en esta próxima elección. Esto implica ir a una negociación política sin prejuicios y sin soberbia para poder generar confianza y empatía de tal manera que se tenga claro que en una negociación se debe dar para recibir, es decir, hay que ir con disposición y mente abierta para lograr el objetivo final.
Lo que está en juego es la continuidad del proyecto político-social que debe estar por encima de cualquier interés personal o de grupo, demostrar que se aprende de la experiencia vivida y se es capaz de rectificar con sencillez y madurez para aspirar a la grandeza que se dice representar.














