Mahatma Gandhi: "Nadie puede decir que tiene la verdad absoluta. La verdad es el objeto de nuestra búsqueda, y el diálogo es el camino."
Dialogar es uno de los parámetros más finos para medir no solo la civilidad y la calidad de vida de una determinada sociedad y lo es por múltiples razones; primero porque dialogar implica de inicio trascenderse a sí mismo, a la esfera de lo estrictamente individual, dialogar es necesariamente encontrar a la otredad, al otro, al que no soy yo.
Parece obvio, pero tiene una enorme trascendencia, porque a partir de aquí, podemos empezar a entender qué tanta atención, respeto y consideración damos a otro, con el que dialogamos, y de ahí saber qué tanto podremos juntos construir un propio sistema de interpretación del mundo o bien, encontrar la verdad, cualquiera que esta sea.
Dialogar significa entender que la civilidad implica mucho más que tratar de imponer a los demás mi verdad o lo que considero que es bueno, cierto, adecuado y valioso.
En el ámbito de la felicidad, el diálogo es el medio por excelencia del flujo del pensamiento, del encuentro, del inicio de lo social.
El lo político, podemos afirmar que un buen gobierno y su capacidad de diálogo están totalmente unidos y son correlativos.
Gandhi dialoga, no trata de imponer, lo mismo hace Mandela; algo delinea a los grandes espíritus, algo los dibuja y los muestra como son, gigantes, por su capacidad de diálogo, de atención, escucha y comprensión a los demás.
Ahora pensemos en las implicaciones o consecuencias de esto: ¿un buen gobierno consulta a su población o solo le impone leyes, políticas, cargas, impuestos y decretazos?
Un buen gobierno; ¿dialoga entre sí mismo, con sus propios funcionarios y dice que eso se llaman mesas de diálogo o dialoga con la población y sus más adelantados pensadores y entonces sí puede decir: dialogamos.?
Así tenemos un sin número de políticos que salen a decir, estoy trabajando mucho, eh, mucho, mucho, pero no tengo tiempo de escucharte, no hay tiempo para pensar en conjunto, porque aquí los únicos que pensamos somos nosotros… sabemos todo, sabemos tanto, que es innecesaria la consulta, el diálogo, el debate, alimentarse de nuevas ideas.
La incapacidad para dialogar exhibe o el miedo de que los demás se den cuenta de que el político o no sabe nada de su materia o labor, o de que se den cuenta de que no tiene realmente ninguna intención de que las cosas mejoren… para los demás.
Así que dialogar es parámetro, forma de medir, de calificar o de reprobar a quien debiera dialogar a diario con esos a los que representa, al pueblo. Pero decir dialogar no significa solo hablar con los periodistas, que ese ya es un buen paso…. No, también están los trabajadores, los científicos, los campesinos, los empresarios, los estudiantes y los maestros, un sinfín de personas, aunque tal vez, tal vez pocas voces que estén dispuestas a aportar soluciones para resolver los problemas colectivos y a esos que los hay, es especialmente a quienes está obligado a escuchar el poder público.














