Nadie nace sabiéndolo todo. El aprendizaje de las cosas, la significación de estas y la utilidad de lo aprendido está en función de nuestra genética, nuestro entorno y nuestra sociedad. De tal manera que, para cubrir nuestras necesidades, debemos aprender algo nuevo, desarrollarlo e integrarlo en nuestras actividades para mejorar nuestro contexto. Ese nuevo conocimiento, requiere de un proceso de aprendizaje ya sea implícito o explícito. De tal manera que vamos integrando conocimientos progresivamente para avanzar en nuestro crecimiento, madurez y sofisticación. Por ende, cada ocasión que nos encontramos aprendiendo algo nuevo significa un desafío, pues es algo que aún no dominamos. Se requerirá de atención sostenida, comprensión, práctica, repetición y comprobación. Este proceso se accidenta cuando en ocasiones alguien o algo interviene en el proceso y nos “facilita” (o perjudica) el aprendizaje. Bajo estas circunstancias nos perdemos de uno o más pasos necesarios para completar una experiencia integral. Cada vez estamos en busca de nuevos y mejores elementos que nos permitan hacer las cosas de manera más rápida, más cómoda y económica. Pero la rapidez no significa efectividad; la comodidad no significa saludable y lo económico no significa útil. Por ello es importante distinguir lo que en realidad queremos lograr durante el proceso de aprendizaje, ya que aquello que nos resulta más rápido, nos evita aprender a ser resistentes; lo que nos ayuda a hacerlo más cómodo nos priva del desarrollo resiliente y lo que nos representa un menor gasto pudiera hacernos perder el hábito de la conservación y el mantenimiento de lo logrado. La multiinformación actual nos confunde y nos distrae de nuestras metas. Ocupamos un tiempo precioso en contenido que no nos aporta conocimiento alguno, al menos no aquel conocimiento útil. Peor aún, nos invita a adoptar actitudes hedonistas, insulsas y hasta peligrosas. Hay una cantidad muy importante de vidas perdidas al intentar conseguir la evidencia para un reto en redes sociales que nada tiene que ver con el desarrollo personal o con el crecimiento profesional. Simplemente exponerse a circunstancias innecesarias y que representan un verdadero peligro para la integridad física y emocional de las personas. Es necesario mantenernos aprendiendo nuevas cosas para expandir nuestro universo e integrar nuevas habilidades que aporten al desarrollo de las personas y de quienes los rodean. Se dice que el amor es el resultado de amar. Y amar es la serie de acciones comprometidas con el bienestar del otro. Ahora, imagina que en la búsqueda del bienestar del otro identificas sus áreas de oportunidad. Aquellas áreas que la persona no alcanza a ver en sí misma o que no ha tenido la iniciativa para desdoblar esa capacidad y llegar a mejores resultados. Imagina que te acercas con amor a esa persona, con la conciencia de que sólo en sus manos está el mejorar su entorno y le lanzas un reto con afecto, respeto y cariño. Iniciemos una oleada de desafíos a quienes amamos y con un tono asertivo iniciemos diciendo ¡A que no te atreves a …! Seamos provocadores con nuestros amigos, nuestros compañeros de trabajo, nuestra familia y nuestra persona. Tú conoces a alguien que siempre ha querido aprender, estudiar, construir, ahorrar, conocer, viajar, practicar, enseñar, comprar, amar o simplemente ha querido atreverse. ¡Desafíala! Incita con amor a esa persona para tomar la iniciativa en aprender a lidiar con un desafío rentable, adecuado, alejado de peligros y encaminado a su bienestar. Empújala sistemáticamente a ser valiente, a identificar el miedo y aún así hacerlo. A romper sus paradigmas; a retar sus creencias; a amar su existencia; a brindar asistencia; a pedir ayuda y ofrecer auxilio. La conexión que se logra con ejercicios como este nos brinda confianza para insistir, resistir y persistir. Selecciona a esa persona quien representa el objeto de tu afecto, identifica las áreas de potencial que no ha desarrollado, sé específico en tu petición y suelta el desafío en dos tiempos. Una qué indague ¿A qué no te atreves? Y el otro tiempo desafiante ¡A que no te atreves a …! ¿Buscarás a esa persona? ¿La desafiarás? ¿Lo harás? ¡A que no te atreves!














