La de Víctor, el “Güero” Mercado, es una historia como la de muchos prominentes e intocables políticos que hoy están en Morena, pero cuyo origen se remonta al PRI, pasando por el PAN y, como en el caso de Morelos, también por el PRD, pero que pase lo que pase al correr de los años y de las circunstancias, siempre caen parados. Su mención en este espacio obedece a que durante los últimos días pasó de ser un gris senador, con escaso trabajo parlamentario, “muy ad hoc” con la notoria ausencia de habilidades discursivas, a estar en la tribuna pública por algo de lo mismo que padecen los de su clase política, es decir, la falta de transparencia y rendición de cuentas, o bien por los reiterados señalamientos de corrupción que han caracterizado su carrera.
Víctor Mercado Salgado se ha convertido en un ejemplo claro de cómo la política mexicana permite que algunos personajes sobrevivan y prosperen sin importar los cambios de partido o de ideología. Su trayectoria ha sido marcada por una capacidad notable para adaptarse al entorno político, saltando de partido en partido según la conveniencia del momento. No es raro encontrarlo envuelto en alianzas estratégicas que, lejos de responder a principios ideológicos, parecen obedecer a intereses personales y de grupo. A pesar de haber iniciado su carrera en el PRI, fue capaz de integrarse al PAN cuando el contexto lo exigió y, posteriormente, llegó al PRD, antes de aterrizar en Morena, el partido que actualmente gobierna casi en todas las entidades del país.
Durante gran parte de su vida pública, Mercado Salgado ha logrado mantener un perfil oportuno, pero evitando el escrutinio mediático y las confrontaciones directas. Esta estrategia le permitió navegar con relativa tranquilidad en el complejo panorama político mexicano, manteniéndose al margen de los escándalos y las críticas abiertas a pesar de ocupar cargos de relevancia. Sin embargo, en días recientes ha salido a la luz por motivos que no le favorecen, pues se le han señalado por casos de opacidad en el manejo de recursos cuando ocupó la entonces Secretaría de Movilidad y Transporte, donde, según diversos reportes, la asignación de contratos y la administración de fondos públicos han sido cuestionadas por la falta de claridad y la ausencia de mecanismos efectivos de rendición de cuentas.
Además, se ha puesto bajo la lupa el supuesto manejo y operación discrecional de algunas concesiones de Radio, acusaciones que han despertado inquietud entre sectores de la sociedad y medios de comunicación. Se menciona que la creación de espacios de noticias en estos medios pudo servir como plataforma para impulsar su imagen y favorecer sus intereses particulares, lo que ha generado suspicacias sobre la imparcialidad y el uso de recursos públicos para fines personales o políticos. Estas acciones han reforzado la percepción de que Mercado, al igual que otros actores políticos, ha sabido utilizar las estructuras del poder para beneficio propio, escudándose en la falta de supervisión y la débil fiscalización institucional.
El hecho de que estos señalamientos hayan permanecido sin mayores consecuencias legales o administrativas evidencia la fragilidad de los mecanismos de control en el sistema político mexicano. La capacidad de Víctor Mercado para sortear estos cuestionamientos y mantenerse vigente en la escena pública es reflejo de una práctica recurrente en la política nacional, donde las denuncias de corrupción y opacidad rara vez se traducen en sanciones efectivas. Por ello, su caso se ha convertido en un ejemplo representativo de los desafíos que enfrenta México en materia de transparencia y ética gubernamental, y pone de manifiesto la urgencia de fortalecer las instituciones encargadas de vigilar y sancionar las malas prácticas en el ejercicio público.
Para muchos ciudadanos, la historia de Víctor Mercado representa el problema estructural de la política en México: la ausencia de consecuencias para quienes, año tras año, son señalados por malas prácticas y, aun así, logran mantenerse en posiciones de poder. La falta de transparencia, la limitada rendición de cuentas y los constantes señalamientos de corrupción son temas recurrentes en su carrera, lo que ha generado desconfianza y molestia entre la población. Por ello, su caso es relevante no solo por lo que representa a nivel personal, sino porque ejemplifica los retos que enfrenta el país en materia de gobernanza y ética pública.
Un dato curioso que refleja con claridad el perfil político de este personaje es que fue, ni más ni menos, jefe de asesores de la oficina de la Gubernatura en la administración del peor gobernador que ha tenido Morelos en su historia, el exfutbolista Cuauhtémoc Blanco Bravo, a ver…














