Casi estoy seguro de que, en algún momento de los anteriores tres meses, escuchaste o dijiste “¡Y ya se fue el año!” Pues hoy estamos más cerca de que ese enunciado cobre mayor sentido.
¡Si ya sé! Andamos a las carreras tratando de maquillar los reportes de nuestro desempeño personal donde diga que al menos intentamos esa méndiga dieta que pretendía matarnos por inanición; que se consideren como puntos adicionales los grandes esfuerzos que hicimos para levantarnos a la 09:30 de la madrugada para asistir a un gimnasio que lejos de ser un templo para la construcción de autoestima, era una gigantesca hoguera de vanidades con tanta gente filmando su performance; que el reporte subraye nuestros grandes avances en el autocontrol para evitar insultar al imbécil del escritorio de al lado que con sus tarugadas ha hecho de mi espacio de trabajo un martirio peor que ver 20 minutos el programa de Sánchez Azuara; que revele las múltiples ocasiones que fui gentil, con mi jefe, e igual fui compasivo con mis subordinados y no hablaré de aquel proveedor abusivo porque como para que quemar a Doroteo y asociados que vive en calle Jacarandas #23 col… ¡Ay perdón! Me excedí. Lo lamento. Al menos eso creo.
¿Agradecer? Por supuesto. Agradecer cada instante que nos regaló este veinte veinticinco. Con sus momentos de euforia en las celebraciones, sus momentos de frustración ante planes cancelados o metas no alcanzadas, sus momentos de plena dicha con familiares, amigos o el objeto de nuestro afecto.
¿Limpieza? ¡Claro! Es momento de hacer una limpieza en cada aspecto de nuestra existencia. Limpiar de correos que nunca abrimos, nunca solicitamos, nunca nos interesaron y nunca se terminan. Limpiar lista de películas pendientes, para ver en cualquier plataforma de streaming que lo único que hace es estresarte cuando te recuerda que la lista crece y tú no has visto nada desde hace poco más de tres meses. Limpiar nuestras intenciones de amistad. Aquellas amistades que les insistes todo el año con un saludo, un “buenos días” y que nunca tienen la cortesía de responder. Ahora que, si tú eres precisamente el que no responde, date un tiempo para limpiar tus rencores, armar tus valores y limpiar tu bandeja de entrada. Higienizar nuestra habitación considerando que limpieza es igual a inspección. Cuando hagas el aseo en tu habitación, detente un poco a entender qué agente fue el que ensució. Tal vez fue tu hábito de aventar cosas en ese rincón donde todos sabemos que lanzas (sin puntería, por cierto) tus desprecios del día; tal vez se ensució porque lo que cae en ese espacio tan estrecho requiere mover muebles o voluntades, por lo que materiales de esas dimensiones no deberían manejarse cerca de ese mini espacio.
¿Orden? ¡Uff! Eso requiere de visión, hábitos, carácter. Y no es que vaya a ser imposible. Es más bien un acto de introspección para decidir aquello que, de seguir así, causará los mayores dolores de cabeza en un futuro casi inmediato. Es renunciar a aquellos materiales que vas acumulando y ser consciente de que no recuerdas ni lo que almorzaste ayer, menos recordarás para qué guardaste el ochenta por ciento de lo que almacenas en esas insufribles cajas de cartón.
¿Reducción? ¡Sí! ¡Por favor! Toda vez que has seleccionado aquello que quieres, puedes y necesitas conservar, aplica el principio de frugalidad y sé moderado o moderada con esos elementos. Algunas ideas para reducir: azúcar, desvelos, rencores, expectativas, los “sí”.
¿Aumentar? Sí. Claro. Cada que disminuyes el tiempo en algo, puedes aumentar el tiempo en otra cosa. Ideas para aumentar: abrazos, retos, tiempo con la familia, lectura, disfrute sin culpa, risas, meditaciones, autocuidado, amor propio, escuchar a los demás.
Seguro estoy de que me faltan más elementos y los dejaremos para una entrega posterior. Mientras tanto preparemos el escenario para el doceavo mes del año, es el último y nos vamos.














