Los símbolos y los significados representan una realidad profunda que va más allá de lo inmediato y se instala en la conciencia organizada. Así se demostró en la XVIII Asamblea de la Unión de Municipios y Comunidades Indígenas y Afromorelenses, realizada en el Museo Regional de los Pueblos de Morelos en el Palacio de Cortés, éste 28 de noviembre de 2025.
"En el nombre de todos los seres sagrados y de la Madre Tierra, hoy venimos a honrar este espacio y a pedir su guía" así empezó la "ceremonia a los 4 rumbos", ritual que honra las cuatro direcciones cardinales y las fuerzas cósmicas que representan. Se realizó como un acto de permiso, agradecimiento y petición de guía, invocando deidades asociadas a cada dirección (Quetzalcóatl, Xipe Tótec, Tezcatlipoca y Huitzilopochtli) y a la Madre Tierra.
Una inmensa lona de 15 metros con cientos de nombres, fechas y lugares de mujeres víctimas de feminicidio en Morelos, fue extendida frente a este emblemático edificio histórico y posteriormente al interior del auditorio, para rendir un homenaje y exigir justicia para los más de 1590 casos de feminicidio ocurridos desde el año 2000 hasta el 2025.
Todas y cada una de ellas tiene nombre, rostro, historia, aunque en muchos casos hayan sido abandonados sus cuerpos en lugares públicos, tratando de que no fueran identificadas, ni reconocidas por sus familiares, sin carpetas de investigación ni se lograra esclarecer la verdad y la justicia.
Este trabajo de documentación realizado por la Comisión Independiente de Derechos Humanos de Morelos, se expuso por parte de Juliana García Quintanilla, al inicio de la Asamblea, para explicar cómo se trabajó la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, aprobada en 2007 por el Congreso de la Unión, donde se incluyó el mecanismo de la Alerta de Violencia de Género, vigente en Morelos desde el año 2014.
Con la participación de las mujeres de la Coordinadora Nacional Plan de Ayala, la Unión de Pueblos de Morelos y la Unión de Municipios y Comunidades Indígenas y Afromorelenses se abordó el tema de los derechos de las mujeres indígenas en el marco de la reforma al artículo 2 de la Constitución General de los Estados Unidos Mexicanos.
En esta Asamblea se destacó que las mujeres indígenas y sus derechos humanos han sido conquistados mediante la lucha organizada, por lo que es necesario no olvidar la historia feminista que lo ha hecho posible. Se explicó que la propuesta de un feminismo comunitario es una aportación que debe ser valorada positivamente para lograr que las mujeres indígenas gocen de los derechos humanos reconocidos para mujeres y pueblos indígenas, que incluyen el derecho a la vida, la integridad física y psicológica, la igualdad de género y a no ser discriminadas, para garantizar la salud sexual y reproductiva, la educación, la participación política, el territorio y la preservación de su cultura.
A pesar de estos derechos, en la realidad enfrentan múltiples desafíos como la violencia, la discriminación interseccional, y la falta de acceso a servicios básicos, por lo que su lucha es crucial para visibilizar y proteger sus derechos individuales y colectivos: derecho a la vida, la integridad física y psicológica, la igualdad y a no sufrir discriminación.
En esta XVIII Asamblea se escucharon experiencias y testimonios sobre el derecho colectivo al territorio y a la libre determinación, el derecho a la salud sexual y reproductiva, a decidir sobre su planificación familiar y acceso a servicios de salud adecuados y asequibles, a través de parteras tradicionales que desempeñan un papel fundamental en los cuidados reproductivos en los pueblos.
También se abordó el derecho a la educación, a participar en la toma de decisiones de su comunidad con voz y voto en sus asambleas y a ocupar cargos públicos elegidas democráticamente, ya que son reconocidas como guardianas de los valores culturales de sus pueblos y de la protección del medio ambiente, lo que les otorga derechos sobre sus territorios y recursos naturales.
Se denunciaron los múltiples desafíos y violencias que aún persisten en la vida cotidiana, incluyendo violencia física, psicológica, sexual, espiritual y ambiental, ya que a menudo carecen de acceso a servicios básicos como la salud y la educación, y enfrentan barreras en el mercado laboral, donde sufren mayor explotación.














