En días recientes se recibió una gran noticia en México. La Miss México Fátima Bosch, oriunda de Tabasco, tierra de mujeres lindas, ganaba el título Miss Universo 2025. Todo mundo contento, feliz, alegre. Como si México hubiera ganado la Copa Mundial de Futbol. Y no era para menos. El Certamen se había llevado a cabo con una serie de conflictos dados a conocer públicamente, porque seguros estamos que los conflictos internos no se estaban dando a conocer. A Fátima, como a muchas participantes le estaban dando indicaciones que, desde el punto de vista personal, ella sentía que era una imposición y que no estaba dispuesta a seguir aceptando. Por lo tanto, hizo el rechazo de manera pública, cosa que todos los mexicanos aplaudieron, porque los mexicanos seremos fanáticos de algún grupo musical, un equipo deportivo, hasta de una iglesia, pero que nos digan qué debemos hacer, no estamos dispuestos a hacerlo. Bueno, eso se piensa. Aunque en la realidad cuando hay intereses de por medio las cosas cambian. Pero regresando al Certamen Miss Universo.
De inmediato, algunos comentaristas comenzaron a dar a conocer que se decía en las altas esferas de este evento, que la corona se había entregado por diversos intereses, del padre de Fátima con otros personajes que se hallaron beneficiados de contratos multimillonarios en Pemex. Y ahí comenzó la debacle.
La presidente Claudia Sheinbaum dejó entrever que el certamen lo ganó gracias a su Gobierno. Por otro lado, entre comentarios Claudia felicitó a Fátima y dejó en claro que ganó gracias a su inteligencia, belleza y carácter.
Definitivamente que la participante tabasqueña tiene atributos de belleza, inteligencia, carácter y lo más importante, dignidad y orgullo.
Si hubiera ganado limpiamente, como todo mundo lo desea, se lo merecía, pues con todo ello está por encima de participantes de otros países.
Desafortunadamente, proviene de una familia que se ha beneficiado del gobierno de la 4T, dentro de Pemex, familiares que han laborado en el Gobierno. Todo ello la ha marcado y eso ha ensuciado el certamen. Incluso, uno de los jueces despedidos horas antes del certamen ha estado amenazando con dar a conocer pruebas por las que fue elegida bajo presión e intereses particulares.
Así que horas y días posteriores no se deja de hablar, pero todo alrededor de una renuncia, acusaciones de compra de título, beneficiados por contratos multimillonarios, incluso algunos periodistas han cuestionado a la presidenta si se compró el título por parte del Gobierno.
Qué pena que siendo un certamen que pudo haberse ganado limpiamente esté marcado por todas esas expresiones y señalamientos, que sean ciertos o falsos ya mancharon el título.
Y es que no era imposible obtener el título de manera limpia, ya que en México existe talento, belleza, inteligencia y carácter entre participantes en este tipo de certámenes. La prueba está latente con resultados, por ejemplo, de Lupita Jones, quien obtuvo el título en 1991, o Andrea Meza, originaria de Chihuahua, quien obtuvo el título de belleza internacional en 2020. Fátima Bosch tenía todo para triunfar.














