La marcha del 15 de noviembre no se circunscribe en un contexto de inconformidad social, sino más claramente como el seguimiento de una estrategia de la derecha para desestabilizar al gobierno actual. Lo que era una disputa desde la narrativa pública, hoy se convierte en una operación más agresiva, que intenta desgastar al gobierno federal a través de confrontaciones abiertas, provocaciones calculadas y así normalizar la idea de un país al borde del colapso.
Esta estrategia no es nueva en el mundo, es una clara réplica de estrategias que les han funcionado en algunos países latinoamericanos, como Bolivia, Argentina y Perú, donde la derecha recupera el poder apelando al desorden social, la judicialización de la política (que en México el Poder Judicial ya no está en manos de la derecha) y la intervención del capital extranjero o transnacional. Su objetivo no es la construcción de una propuesta alterna, sino el desgaste de los gobiernos progresistas para hacerlos a un lado y continuar con el saqueo.
En México la estrategia de la derecha tiene sus propias características, se presenta acompañada de elementos externos que permiten su reproducción. Está financiada desde el extranjero por grupos que, a través de presiones económicas y campañas mediáticas, operan como un bloque político y social. Utilizan y manipulan el miedo, la hiperexposición de la inseguridad como bandera fundamental para generar un ambiente ficticio de ingobernabilidad.
La marcha convocada el pasado 15 de noviembre se enmarca en ese mismo contexto, más allá del planteamiento de descontento social, la estrategia opositora se enfoca claramente en intentar generar la falsa idea de que el gobierno ha perdido el control de lo que pasa en el país, responsabilizándolo de cualquier episodio violento que ocurra, sin importar su origen, intentando hacer ver a dicha oposición como garante del orden, aunque sean ellos mismos los principales incitadores del desorden y la violencia.
A partir de entender la estrategia de los conservadores, Morena debe cerrar filas, dejar de lado controversias internas y depurar alianzas que no representan el sentido original del movimiento, retomar la cercanía con sus bases que dieron sentido a su creación y a su estrategia programática. Este es el momento de cohesionar la estrategia programática que está íntimamente ligada a la línea ideológica, entre unos y otros.
En Morelos dicha estrategia acusa menor impacto, pero ello no implica que no deba atenderse en lo inmediato. Aún cuando el impacto mediático no tiene las mismas dimensiones, es evidente que la oposición intenta aprovechar cualquier resquicio para hacer ruido y sobredimensionar los acontecimientos de manera negativa. Los mecanismos que instrumentan son paralelos: sobredimensión de la violencia y el conflicto, para inventar malestar e implementar una narrativa para proyectar una crisis que no existe, pero que se inventa; por ello, es importante darle la dimensión adecuada y atender el tema para que éste no escale.
Un elemento que cada vez es más evidente y demasiado alarmante, es la intromisión del crimen organizado en la implementación de tal estrategia, evidencia de ello es el homicidio del alcalde de Uruapan. Hoy se sabe que fue el crimen organizado quien lo asesinó, mientras que la oposición aprovecha este crimen para sacar raja política. Esta estrategia busca desestabilizar al gobierno federal y para ello cuenta con financiamiento nacional e internacional, como parte integral de una estrategia mundial contra gobiernos progresistas. De ahí la complejidad del análisis, a partir de la combinación de intereses locales con intereses internacionales, donde la violencia es el instrumento de desestabilización de un proyecto político.
Así pues, la marcha del día 15 de noviembre no es un mero acto de protesta legítima ciudadana, sino más bien es parte de una disputa profunda entre quienes se pretenden despojados de sus intereses particulares a costa de las mayorías, donde se mezclan intereses empresariales con agendas extranjeras, con actores criminales para buscar generar caos como vehículo para retomar el poder. Por ello, hoy el gobierno de la Transformación está obligado a desarticular esta estrategia de la derecha que busca regresar al poder para continuar saqueando al país.














