La existencia de la dignidad humana puede parecer algo intrascendente, sin embargo, constituye uno de los derechos más importantes con los que cuentan las personas, por el solo hecho de serlo, el cual reconoce que toda persona sin importar su edad, apariencia, religión, preferencia sexual o raza, tiene el mismo valor.
Este derecho se encuentra consagrado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, ya que su artículo primero dispone “que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. Por su parte, México lo tiene garantizado en el arábigo primero de la Constitución Federal, mismo que establece “la prohibición a todo tipo de discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana”.
Derivado de lo anterior, ocurre algo curioso en dos municipios del Estado de Morelos que pretendían imponer multas de hasta $2,838 pesos, a las personas que duermen en la calle; situación que el Máximo Tribunal de Justicia en el país determinó que era inconstitucional, pues atenta contra el derecho de igualdad y a la dignidad humana, aunado a que promueven la exclusión de las personas.
Este tipo de acciones, no solo generan indignación, luego de que dormir en la calle no constituye una elección libre, pues en la mayoría de los casos, es el resultado de la desigualdad y falta de oportunidades, o bien la violencia, así como la ausencia de una red de apoyo. Y es que, sancionar a la ciudadanía que atraviesa por este tipo de situaciones es como culpar a alguien por tener hambre o por enfermarse.
Por ello, debe puntualizarse que las personas que viven en situación de calle no pierden su condición de seres humanos solo por no tener un lugar donde vivir; por el contrario, conservan los mismos derechos como todos los demás, especialmente la dignidad humana, la cual es inherente a cada persona.
En ese sentido es importante también mencionar que multar a alguien que no cuenta con un hogar, no soluciona nada, pues no elimina la pobreza, ni mejora la convivencia social; por el contrario, agudiza la exclusión y robustece la idea de que quienes viven en la calle, representan un problema que debe esconderse en lugar de atenderse. Y es que no solo se trata de tutelar el derecho a la dignidad humana y la igualdad, sino también empatizar que, detrás de una persona que duerme en una banca o debajo de un puente existe una historia.
Es por ello que en lugar de promover sanciones, deben crearse políticas públicas de inclusión y apoyo social, así como campañas de sensibilización ciudadana; recordando que la dignidad humana no se mide por la ropa que se usa, tampoco por el lugar en donde se duerme, sino por el reconocimiento mutuo entre personas.














