Estados Unidos, ha tomado un camino que para muchos parecía impensable. El país del progreso y de los derechos, que alguna vez pareció serlo con Obama, hoy se revela ante el mundo como cerrado e intolerante, confiando en la fuerza de un hombre inestable y agresivo como lo es Donald Trump.
Por órdenes de un solo hombre, hoy la Guardia Nacional recorre lo que antes era tarea exclusiva de la policía; familias son separadas por fuerzas migratorias y, en general, la nación parece estar en contra de sí misma, alimentada por el odio y las pasiones.
Mientras tanto, Nueva York —donde creció el magnate que hoy ocupa la Casa Blanca— sigue siendo la ciudad más importante de Estados Unidos por los lugares turísticos que alberga, la trascendencia histórica de sus puertos y las enormes cantidades de dinero que se mueven a través de sus bancos.
No fue casualidad que el ataque a las Torres Gemelas paralizara al mundo de la manera en que lo hizo, pues, frente a todos, fue atacado el corazón del país que en ese momento parecía intocable.
Décadas después de aquel ataque, tras una guerra y mucha discriminación contra el Medio Oriente, y en medio de una redada nacional contra migrantes, los “diferentes” y los “aliens”, un joven musulmán y migrante, con una sonrisa imperdible, gran carisma y determinación, se convierte en el primer alcalde de la ciudad más importante de Estados Unidos: Zohran Mamdani.
En algún punto de los años pasados, el Partido Demócrata terminó pareciendo, para la clase trabajadora, un ente que representaba a todos menos a ellos. Para muchos, empezó a mostrarse como un partido intolerante que exigía respeto a la diversidad sexual, pero olvidaba ayudar a las clases bajas. Ese error de comunicación los llevó a perder la Casa Blanca ante la misma piedra con la que antes habían tropezado.
Sin embargo; en la ciudad de Nueva York, Zohran Mamdani, recorrió durante casi un año todos sus distritos, visitando todo tipo de espacios, escuchando a todo tipo de personas y levantando un mensaje claro: el costo de vida ha alcanzado niveles insostenibles.
Mandani habló a quienes hoy se esconden con miedo de la policía migratoria, a aquellos afectados por los despidos masivos de un presidente que no entiende el país que tiene frente a sí, a las madres solteras y a quienes no pueden tomar la meritocracia como forma de vida porque están demasiado ocupados intentando sobrevivir.
Propuso la creación de supermercados gubernamentales, el congelamiento de los alquileres y la implementación de transporte público gratuito.
Sin pena, se asumió como un demócrata socialista, en un país que por muchos años vio la palabra “socialista” como un peligro y el rostro musulmán como una amenaza.
Considero que es muy difícil que el nuevo alcalde logre cumplir todo lo que prometió en campaña; sin embargo, eso no es lo más importante. Lo verdaderamente valioso es la capacidad de un país enfermo de poder para recobrar los intereses de los más necesitados como eje central, y de hacerle frente, con su voto, al poder despiadado en busca del bienestar común.
Quizá algo podamos aprender de ello.














