En los últimos días se ha abierto un debate inquietante en torno a la justicia mexicana. Desde el propio poder judicial se habla de revisar sentencias ya firmes, y con ello se toca uno de los cimientos del Estado de Derecho.
La justicia necesita algo más que leyes. Necesita certeza y la certeza se llama cosa juzgada.
En términos simples significa que lo decidido por un tribunal, después de un debido proceso es definitivo. Que un juicio tiene fin, que una persona no puede ser juzgada dos veces por lo mismo. Que la palabra del Estado una vez pronunciada, tiene peso, límite y consecuencia.
El principio es tan antiguo como la idea misma de justicia.
Ya en el Derecho Romano “la res judicata” establecía que una causa decidida debía respetarse como verdad legal, desde entonces ese límite separa la justicia del abuso.
Por eso sorprende y preocupa que hoy, desde el propio poder judicial se hable de revisar sentencias firmes. No hay manera elegante de decirlo, abrir esa puerta es dinamitar uno de los pilares del Estado de Derecho.
Si las resoluciones pueden reescribirse la justicia se convierte en política.
La Barra Mexicana de Abogados lo dice sin rodeos. No se trata de una diferencia técnica entre juristas, sino de una advertencia cívica.
Porque si la cosa juzgada se debilita nadie puede sentirse a salvo del poder, ni siquiera quienes hoy lo ejercen.
El principio es sencillo y profundo. Si todo puede revisarse, nada vale.
Si la última palabra no existe, tampoco existe el derecho.
Y si el pasado deja de ser pasado, el futuro deja de ser confiable.
La seguridad jurídica no es un capricho de abogados, es el suelo que sostiene la confianza social. Sin ella, los tribunales se vuelven arenas movedizas y las sentencias, papel mojado.
México ha tenido épocas donde el fallo no dependía del derecho sino del poder.
Pensamos que esas etapas estaban cerradas, pero cada vez que se intenta revisar lo ya juzgado, la historia se asoma para recordarnos lo frágil que es la justicia cuando se le abre una rendija al capricho.
La justicia necesita revisión, sí, pero en sus instituciones no en sus sentencias.
Porque sin límite, el poder se extravía
Y cuando eso ocurre, el ciudadano deja de tener defensa.
En el fondo, la cosa juzgada no protege a los jueces. Nos protege a todos.
#QuéCosa!














