“Si no hay justicia para el Pueblo, que no haya paz para el gobierno.”
Emiliano Zapata
De vez en cuando en la historia humana, algún individuo percibe la injusticia y no está dispuesto a que permanezca normalizada de una u otra forma. Se alza en rebeldía contra un sistema que considera que no le aporta justicia, o desarrollo, o educación, o cualquier otra ventaja que debe aportar al asumirse como servidor público, servidor del pueblo.
Hablar de paz no es posible si de antemano no existe respeto, respeto al pueblo, al colectivo, respeto y reconocimiento a su dignidad.
La dignidad es la esencia de los derechos humanos, y es la que le llama, le grita a quien no acepta ser tratado mal, maltratado, olvidado, dejado de lado.
La violencia que se ejerce contra el Pueblo a través de la delincuencia, de la indolencia y la ineficacia para otorgar justicia, el impuesto que se incrementa, la multa que lacera, el permiso y trámite excesivo que obstaculiza el ejercicio del trabajo de las personas, el ejercicio del cargo sin capacidad, conocimiento o aptitud; la tolerancia a los excesos, las contralorías y auditorias sordas y ciegas ante las irregularidades multimillonarias en perjuicio del pueblo; todo eso es violencia; rompe el sentido de dignidad de las personas, violenta el respeto que debe darse a esos a quienes debe servir un poder que solo buscase servirse a sí mismo y a los suyos.
Cuando alguien, de vez en cuando en la historia se da cuenta y no está dispuesto a tolerarlo, enciende el sentimiento de indignación, para reclamar justicia, y afirmar que no merece paz, quien promueve la violencia; ese caso fue el de Zapata, al que hoy conmemoramos un día sí y otro también, el que tiene innumerables calles y colonias que llevan su nombre, al que se le recuerda como ejemplo, pero del que se ha olvidado lo esencial: el mensaje de rebelión ante la injusticia, el de la lucha incansable, que no tolera faltas de respeto a la dignidad colectiva.














