Tuve el tiempo, la oportunidad y el estomago para disfrutar de dos películas que me resultan particularmente interesantes. La primera de ellas es “Better man” (Michael Gracey, 2024) con la estructura de un musical en forma de drama narrando la biografía de Robbie Williams. La otra fue “Mejor otro día” (A long way down, Pascal Chaumeil, 2014).
Las historias tienen que ver con el autoconocimiento e incluso con el autodescubrimiento. Williams se dibuja a si mismo como un chimpancé durante toda la película, parodiando en forma gráfica su sentir ante una sociedad deshumanizada y compleja que aprecia los estereotipos de belleza sin cuestionar su valía ni su pertinencia. Ese mico tiene tantas ganas de triunfar que es ruidoso, escandaloso e irreverente. Considera que es la manera más efectiva de pertenecer, ya que su síndrome del impostor le impide ver más allá de sus talentos presentes dejando atrás el enorme potencial. Se recrimina a sí mismo en forma de figuras análogas a su apariencia entre la multitud, quienes le repiten las descalificaciones que los demás le han reiterado en tantas ocasiones. Es así como va construyendo una visión de lo que es su realidad. El abuso de sustancias y la despersonalización del personaje, lo hacen cometer cualquier cantidad de excesos que ponen en riesgo su salud, su familia y hasta su carrera. Poco a poco se va dibujando un haz de luz para recomponer el camino y hace un cierre muy emotivo recreando su presentación en el Royal Albert Hall con una audiencia de etiqueta y cantando “My way” de Sinatra.
La segunda película habla de una condición ficticia muy particular e incluso poco verosímil pero suficientemente atractiva para mantenerse en la trama. Cuatro personajes perfectamente desconocidos entre si, convergen en lo alto de un edificio para acabar con sus vidas. Sin embargo, por una serie de discusiones entre ellos mismos, ninguno lo logra y es más, realizan un acuerdo para NO volver a intentarlo al menos hasta el día de San Valentín. En su transitar por lo que ellos llamarán el pacto, encontrarán elementos valiosos en la vida de los demás, que requieren empatía de su parte para mantener en pie la causa que los une. Las cosmovisiones se entrelazan para construir una perspectiva más humana y con mejores elementos para generar juicios de valor hacia la vida, las dificultades y su amor propio.
Los matices de la obra de Robbie se hacen presentes a través de la música, e incluyen esa magia de colocar las canciones en el momento preciso para que la propia melodía narre el momento que se vive. Su abuela quien siempre estuvo al pendiente de sus logros y sus horas aciagas, fallece cuando a él le está yendo mejor. Es en ese instante que coloca una melodía que te hace conectar de inmediato con momentos equivalentes en nuestras vidas. Cuando el tiempo ha devorado a nuestros seres amados, y nosotros con tantas actividades superfluas hemos dejado ir las oportunidades de conversar con ellos o ellas. Le canta “Ángeles” en su funeral mientras evoca en flashbacks los momentos en que su adorada abuela lo comparaba con el Rey Arturo sacando la espada de la piedra. Las personas que nos aman nos dan una visión de sus anhelos y de lo que ven en nosotros aún y cuando parezca que estamos muy lejos de ello. No empujan para impulsarnos, pero no pueden recorrer el camino con notros, por eso nos sugieren a donde ir y nos mueven en esa dirección. Y será mejor que hayamos aprendido algo en nuestra formación doméstica porque si su visión es ambiciosa (casi siempre lo son) entonces necesitaremos toda la ayuda posible para manejar ya sea el éxito prematuro o la frustración superlativa. Cierra con la icónica canción de “a mi manera” y lo hace tan visceral, cantando desde las entrañas, que cada palabra que brota en la canción despierta las fibras más sensibles de su ser porque salen desde el alma y su significado se hace patente con la interpretación del artista.
Cuando vi la segunda película conecté perfecto con el instante de la canción, porque éstas cuatro personas habían vivido a su manera y estaban listas para terminar el trayecto cuando ellos lo habían decidido. Pero se detuvieron a ver y a valorar el dolor ajeno, la óptica del necesitado, la carencia del mediocre de pensamiento y la nobleza en el sacrificio por los demás.
Cuantas veces no hemos estado tan inmersos en nuestras actividades que dejamos de apreciar lo fútil de la propiedad, de todo aquello que creemos que nos pertenece y que somos capaces de luchar por ello así sea encima de nuestros propios seres amados. Actuemos reflexivamente, hagámoslo a nuestra manera, si, pero después de haberlo interiorizado porque cabe la posibilidad de que sea la mejor manera.














