A un año de tomar las riendas del Gobierno Federal, la Presidenta de la República, la doctora Claudia Sheinbaum Pardo, rindió su informe de labores en cada estado del país. Acontecimiento inédito porque no se acostumbra en el protocolo presidencial que se dirija un informe anual presidencial por entidad federativa. Sin embargo, es un inicio interesante de rendición de cuentas por todo el país que marca diferencia con sus antecesores.
La particularidad del acontecimiento se enmarca en un contexto de debate político intenso y en ocasiones de exabruptos desesperados por una oposición que no encuentra el camino de regreso hacia la buena percepción ciudadana. La claridad del discurso presidencial y el objetivo persistente de cambio de forma y de fondo en la manera de gobernar es un elemento que pesa y preocupa al conservadurismo del país.
El informe del pasado 30 de septiembre fue contundente en cuanto a los avances en diversas materias, que sin duda benefician y cambian la perspectiva ciudadana respecto a lo que se dice y lo que se hace. Por un lado, tenemos a una oposición que grita y vocifera que las cosas se están haciendo mal, que éste es un gobierno fallido y que la similitud entre los que gobernaron antes y los que gobiernan hoy es la característica principal, porque son igual de corruptos y ambiciosos que ellos. Pero, por otro lado, está la realidad que los incomoda y los desenmascara como lo que son: manipuladores y mentirosos. Los resultados, producto de la manera diferente de hacer las cosas son evidentes y aunque, por supuesto, hay que seguir avanzando porque el atraso de 36 años de neoliberalismo fue brutal, es una realidad que este gobierno está logrando revertir la espiral del neoliberalismo a favor del pueblo de México.
Por ello, cuando la presidenta dijo “…no se nos olvida de dónde venimos, y tenemos claro hacia dónde vamos…” se me enchinó la piel de la emoción, de saber que el compromiso demostrado está por encima de las mentiras y los intentos de manipulación del conservadurismo opositor al que nos enfrentamos los ciudadanos de este país. La claridad ideológica de la Presidenta de la República representa claridad sobre la importancia de mantener el lema: “Por el bien de todos, primero los pobres”, que finalmente significa el compromiso adquirido para resarcir la terrible desigualdad social generada por años de agravios contra la nación. La lucha contra la derecha es así de clara y no hay por qué maquillarla, a ellos les interesa satisfacer su ambición material y de poder; mientras que a este proyecto le interesa regresar lo que se le ha robado al pueblo, la esperanza y la dignidad por una vida de bienestar.
En Morelos la situación es similar, porque la Gobernadora Margarita González Saravia culmina su primer año de gestión y, aunque en Morelos las cosas no han avanzado de manera similar como en la nación, debido a la omisión del gobierno anterior (por decir lo menos), en esta administración la mano de la gobernadora se siente. La Cuarta Transformación avanza en Morelos y la importancia de ello reviste en resolver los problemas estructurales del estado, tarea nada sencilla pero con compromiso y la determinación de entender de dónde vienes y la certeza de a dónde vas, la conclusión es el bienestar para los morelenses.
Es necesario no olvidar nunca el 2 de octubre y lo que representa para la lucha estudiantil y social en México. Nunca más un gobierno represivo, autoritario y discriminador, que agrede a su pueblo por no estar de acuerdo con él. El actual gobierno es distinto, porque emana de esa y otras luchas sociales, porque se tiene la completa convicción de que sólo siendo empáticos con el pueblo se puede ser justo, por ello no debemos olvidar nunca los agravios cometidos por esa anquilosada clase política que sólo se enriqueció al amparo del poder. ¡DOS DE OCTUBRE, NO SE OLVIDA!














