En diversas ocasiones he pensado, que a la Organización de las Naciones Unidas se le pide más de lo que puede dar; pues, se piensa en su existencia como una especie de gobierno internacional que debe castigar y ajustar el rumbo de los países que violan derechos humanos; sin embargo, estoy convencido de que no existe, ni siquiera en la ONU, la figura de un gobierno internacional.
La ONU, es un espacio de diálogo entre las naciones, quien con importantes limitaciones, lleva a cabo acciones que contribuyen a erradicar la pobreza, el hambre y la desigualdad. No quiero decir con esto que sea irrelevante su existencia, es de suma importancia y hace algunos días pudimos observarlo, gracias a la asamblea general.
La semana pasada, las calles de Nueva York fueron sitiadas como si de una película se tratase debido a que en la sede de la ONU los presidentes, primeros ministros o representantes de todos los estados miembros, se reunieron para llevar a cabo el debate internacional más importante.
Durante la asamblea general, delegaciones de todos los países se sientan en una misma sala -como si de una elegante cámara de diputados se tratara- para escuchar la postura de otras naciones. Durante esos minutos cada país mediante su representante -ya sea su jefe de estado o representante ante las Naciones Unidas- expresa una postura, ya sea sobre lo que vive su política interior, sus preocupaciones sobre el exterior o sobre las propuestas que quisiera hacerle a otras naciones.
Ese encuentro es de suma importancia porque, se define públicamente cuáles son los intereses, preocupaciones y objetivos de las naciones, nunca se debe olvidar que las palabras de los líderes se convierten progresivamente en realidades para los gobernados.
Durante este encuentro, coincidió naturalmente la preocupación de varios estados por las evidentes violaciones a derechos humanos que Israel ha cometido sobre Palestina; por ello, varios estados iniciaron la cumbre reconociendo a Palestina como un Estado; sin embargo, este reconocimiento no se puede efectuar como una resolución de las Naciones Unidas, sino que es aprobado por la asamblea, lo cual no ocurrirá mientras que Estados Unidos use su derecho de veto, que anula cualquier resolución.
El “veto” fue materia también de discusión, pues varios líderes como el finlandés, mencionaron la necesidad de replantearse las bases institucionales de las Naciones Unidas, esto debido a la concentración de poder de algunos actores y a la exclusión de otros que van en vías de desarrollo, lo cual ha limitado el progreso de la ONU.
Durante el desarrollo de la asamblea, fue polémico el provocador discurso de Trump, cuestionando el trabajo de la organización y preguntándose: “¿Dónde han estado?”. De igual manera, la presencia del Presidente colombiano, Gustavo Petro, quien, después de su discurso, salió a las calles a pronunciar un mensaje -lo cual provocó que se le retirara la visa- y los delegados que abandonaron la asamblea en cuanto el criminal primer ministro de Israel hizo uso de la palabra.
Yo defiendo que el diálogo es y será el más importante instrumento que existe para hacer política sin violencia, es importante que hoy se guarde silencio en nombre del consenso y se disminuyan las retóricas que dividen por el bien de la paz.
Los líderes del mundo deben dejar de señalar y comenzar a asumir, deben dejar de justificarse e iniciar a construir.














